Psicología

La clínica

Publicado por Betina Ganim

la clinicaSi atravesamos la enseñanza de Lacan, podemos decir que nos encontramos con múltiples intentos de su parte de dar solución a una relación que aunque parezca de total evidencia, se torna un imposible, y que es la conexión entre el goce del cuerpo y la palabra del Otro.

En los últimos seminarios de Lacan, lo que conocemos como su última enseñanza, nos encontramos con una vacilación entre sostener que no existe conexión alguna, y a la vez ese intento de conectar el cuerpo con la palabra; y esto es, en un intento de que exista el psicoanálisis.

Bien, entonces tenemos el nudo borromeo como su última formalización (allí terminó su vida también…), como una solución, un invento particular al que Lacan arriba. Es como si fuera el punto de llegada de Lacan en su propio recorrido en su intento de conectar el goce con el significante.

Cuando hablamos de clínica no hablamos simplemte de práctica, sino que la clínica encierra un saber que surge de la práctica. Una práctica que se hace «junto al lecho del enfermo»; podemos decir que hace falta la presencia real del analista. Es lo que muchas veces llamamos poner el cuerpo.

En la clínica, lo que sabemos es que el palabrerío del paciente no es lo que importa al análisis, que cuente hechos, que diga cosas, que repita textos; sino que de lo que se trata es del peso de la palabra en lo real. Esto es, que lo que se diga tenga efectos en lo real del síntoma.

La clínica no es práctica pura, ni tampoco es investigación. ES decir, no hacemos clínica en un laboratorio, ni encerrados en nuestro despacho o en una biblioteca leyendo y leyendo…La clínica requiere de la presencia del cuerpo -como dije antes- y además requiere de la transferencia, en tanto lo que allí se pone en juego es la palabra.

Es por esto que la posición que el analista ocupa con su acto en relación al síntoma del paciente, determinará qué tipo de clínica se construye. El analista, su posición está incluida en la definición misma de clínica, algo que en principio da cuenta de la diferencia entre un analista y un psiquiatra por ejemplo.

Muchas veces tenemos que diferenciarnos de los psiquiatras, porque solemos hablar con los mismos términos que nos ha aportado históricamente la psiquiatría. Usamos términos diagnósticos que nos acercan al campo psiquiátrico, porque de allí heredamos su nosología: histeria, obsesión, psicosis, perversión, etc…

La cuestión sería preguntarnos qué aportamos nosotros como analistas, qué saber aportamos, qué nos aporta ese saber heredado a la dirección de la cura? O en todo caso, más precisamente: qué nos aporta ese saber clínica a nuestra práctica concreta, a nuestra clínica.

En principio, es una pregunta que empezó a querer responderse hace mucho tiempo, cuando se propuso dejar de hablar de estructuras clínicas, de diagnóstico estructural, y poder plantearnos qué posición del suejto en la estructura. Una posición a rectificar, a cambiar.

Lacan tiene tres indicaciones respecto del uso que tiene distinguir las estructuras en la dirección de la cura:

– Para la histeria: la vacilación calculada de la neutralidad analítica.

– Estar advertidos de estar frente a una estructura psicótica antes de sancionar una entrada en análisis.

– En la obsesión, cuando el paciente intenta mostrar sus proezas al analista: el desdén.

FUENTE: BRODSKY, G. La clínica lacaniana.