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La creación de un proyecto personal.

Publicado por María Fay

Ya conocemos la importancia de tener proyectos. Es muy frecuente escucharlo en el discurso popular. Pero ¿sabemos por qué?

Primero deberíamos definir qué es un proyecto. Mucha gente asocia tener un proyecto con tener un trabajo o con estar ocupado, y esto dista mucho de ser así.
Los proyectos son iniciativas que nos motivan, que tienen un desarrollo y, como la palabra lo indica, una proyección futura.

Un trabajo puede demandarnos mucho tiempo pero no conformar un proyecto para nosotros. De hecho, podemos sentirnos sumamente desganados en este contexto y sin motivación hacia el futuro.
Además, hay que distinguir los proyectos ajenos, o de una empresa o institución de la que uno pueda formar parte, de los proyectos personales. Y aquí hacemos referencia a la necesidad de estos últimos.

Comúnmente se cree que las personas en la tercera edad deben crear proyectos para seguir activos y motivados, pero si indagamos en la vida de la mayoría de las personas de cualquier edad, notaremos que muy pocas tienen proyectos personales activos.

Muchas personas asocian los proyectos personales con el deseo de establecerse económicamente, de lograr algo material o de formar una familia, por ser estos los proyectos más convencionales. Sin embargo, existen muchos más, todos los que podamos crear. Los proyectos a los que hacemos referencia en esta ocasión se refieren a proyectos propios que tengan un impacto social y que trasciendan, aunque sean pequeños, nuestro entorno más inmediato.

El sostenimiento de proyectos de este tipo es muy importante para la estabilidad emocional.

A los seres humanos nos impulsa el deseo. Eso es lo que nos hace crecer, desarrollarnos y buscar nuevos caminos. Los proyectos son símbolos del deseo, nos permiten sostener un continuo deseante y encontrar una motivación en el futuro, que requiere de acciones presentes para lograrse.

Algunos proyectos son más difusos o lejanos que otros, pero lo interesante a desplegar es la posibilidad de un proyecto personal que abarque aspectos concretos y que implique actividades cotidianas que colaboren a su crecimiento.

Esto, paralelamente a la vida laboral o familiar nos hace partícipes de una construcción propia que cobra vida mas allá de nosotros. Puede ser un emprendimiento comercial, una campaña solidaria, una iniciativa para promover algo en lo que creemos, o para transmitir algo de nuestra experiencia a otros.
Estos espacios nos permiten trascender nuestra individualidad, tener un efecto en otras personas y en nuestro futuro.
La misma continuidad que acarrea la construcción de un proyecto, nos ayuda a sostener el proceso mismo.
Los proyectos propios posibilitan el desarrollo personal, y mantienen en acción nuestra capacidad creativa.

Nos impulsan a establecer plazos y objetivos y requieren emocionalmente de un sostenimiento.
Son motivacionales, porque surgen de la elección propia y ponen en acto ideas y deseos.
Establecen rutinas paralelas que nos salvan de la monotonía, porque son, en esencia, mutables y pueden cambiar según la orientación que queramos darles.
Los proyectos permiten el despliegue creativo y surgen del descubrimiento subjetivo de alguna actividad que permita la proyección futura, tanto de uno mismo como de nuestras ideas y creencias.
Son esenciales, a partir de cierta edad, para crear espacios que permitan la transmisión de experiencias o de mensajes a otros.
El objeto de un proyecto es siempre particular y debe encontrarlo cada uno. Su encuentro y su puesta en acción repercuten en un desarrollo de la capacidad social y creativa que luego muestra sus efectos en todas las otras áreas de la vida.

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