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Hermes Trismegisto y la filosofía hermética

Publicado por Malena

psicologia antigua El primer psicólogo de la civilización fue un antiguo sabio egipcio, que vivió hace más de cinco mil años, Hermes Trismegisto, padre de la filosofía hermética.

Creador de la Astrología, este notable filósofo, padre de la sabiduría y descubridor de la alquimia, fue la inspiración tanto de las antiguas doctrinas de la India como de los filósofos griegos, y como maestro de los maestros, su influencia alcanzó también a todas las religiones.

Existen siete principios herméticos; y el que los comprenda perfectamente, puede entender la realidad y modificarla.

El principio del mentalismo:

El Todo es Mente; el universo es mental. El Universo es una creación mental del TODO en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Este principio nos invita a reflexionar sobre el poder de nuestros pensamientos y cómo estos pueden influir en nuestra realidad cotidiana. La comprensión de este principio es fundamental para el desarrollo de una mente fuerte y disciplinada.

El principio de correspondencia:

Como arriba es abajo, como abajo es arriba. Hay siempre una cierta correspondencia entre las leyes y los fenómenos de los varios estados del ser y de la vida. Este principio nos enseña que los patrones que observamos en el macrocosmos se reflejan en el microcosmos, y viceversa. Comprender esta correspondencia nos permite ver la conexión entre todos los niveles de existencia.

El principio de vibración:

Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra.

La vibración del espíritu es de una intensidad infinita que parece en reposo y en el otro extremo, hay formas de materia densísima, cuya vibración es tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de millones de grados de intensidad vibratoria.

Si se comprende este principio, se puede llegar a controlar las propias vibraciones mentales, así como las de los demás. Este control es esencial para el desarrollo personal y espiritual, permitiendo a uno elevar su estado de ser y atraer experiencias positivas.

El principio de polaridad:

Todo es doble, todo tiene dos polos, todo su par de opuestos, los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado. Es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio por vibraciones de amor, en la propia mente y en la mente de los demás, con la voluntad. Este principio nos enseña que todo en la vida tiene su opuesto y que estos opuestos son en realidad dos extremos de la misma cosa.

El principio del ritmo:

Todo se mueve como un péndulo, el ritmo es la compensación. El que comprende este principio se polariza a sí mismo en el punto donde desea quedarse y entonces neutraliza la oscilación rítmica pendular que tendería a arrastrarlo hacia el otro polo. El maestro, elevándose mentalmente a un plano superior hace que la oscilación del péndulo se manifieste en el plano inferior, mientras él permanece en el otro.

En realidad, todo aquel que ha adquirido cierto grado de dominio sobre sí mismo logra esto consciente o inconscientemente, en forma natural. Este principio nos enseña a mantener el equilibrio y a no dejarnos llevar por los altibajos de la vida.

El principio de causa y efecto:

Toda causa tiene su efecto y todo sucede de acuerdo con la Ley universal, el azar no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida. Comprender este principio nos permite tomar responsabilidad por nuestras acciones y entender que cada acción tiene una consecuencia.

El principio de generación:

La generación existe por doquier, todo tiene sus principios masculino y femenino, la generación se manifiesta tanto en el plano físico como en el mental y el espiritual. Este principio nos enseña que la creación y la generación son procesos universales que ocurren en todos los niveles de existencia.

La transmutación mental

La mente, así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración.

La palabra transmutar significa cambiar de naturaleza, de sustancia y de forma.

La ciencia moderna nos dice que la materia no existe realmente, sino que es “energía o fuerza interrumpida”, esto es, energía o fuerza en grado menor de intensidad vibratoria.

La muerte no es real, ni aun en sentido relativo: no es sino nacer en una vida nueva, y ascendemos y seguiremos ascendiendo a planos de vida cada vez más elevados, durante eones y eones de tiempo.

Desde un enfoque absoluto, el Universo es una ilusión, un sueño, si se compara con el Todo. La materia “existe” para nuestros sentidos.

En realidad, la ciencia no hace más que corroborar las enseñanzas herméticas.

Uno puede cambiar sus vibraciones mentales, mediante un esfuerzo de la voluntad, fijando la atención deliberadamente sobre el estado deseado.

Si uno tiene miedo, es inútil que pierda su tiempo tratando de matar el miedo, sino que debe cultivar el valor y entonces el miedo desaparecerá.

El hombre sabio se sumerge en la Ley y comprendiendo sus movimientos, opera en ella en vez de ser su ciego esclavo.

El Universo, que es mental, puede ser dominado solo con la mente.

La filosofía hermética también nos enseña sobre la importancia del equilibrio y la armonía en nuestras vidas. Al comprender y aplicar estos principios, podemos alcanzar un estado de paz y serenidad interior. La sabiduría de Hermes Trismegisto nos invita a explorar las profundidades de nuestra mente y a descubrir el potencial ilimitado que reside en cada uno de nosotros.

Bibliografía: “El Kybalión” Estudio sobre la Filosofía Hermética del Antiguo Egipto y Grecia, Editorial Kier, trigésima edición, Buenos Aires, Argentina, año 2002