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La obsesión por los logros y el desarrollo.

Publicado por Lic. Maria V.

No es extraño en la sociedad actual, de consumo y globalización, que observemos en muchas personas la tendencia a obsesionarse con los logros académicos, personales y laborales.

El sistema nos transmite que lo esperable es estar siempre motivado/as, queriendo, deseando y logrando más. Después de un escalón hay otro y dentro de ese circuito la carrera puede fácilmente volverse vertiginosa e interminable.

Muchos casos de ansiedad y de estrés están asociadas con estos ritmos, que se perciben como los únicos posibles para pertenecer. Ser un “overachiever”, término anglosajón para referirse a este exceso de ambición, está bien visto en la sociedad actual. Incluso es, en la mayoría de los casos, celebrado.

La sociedad, por el contrario, rechaza la depresión, la falta de energía, la tristeza, la dejadez. Lo rechaza porque no es funcional, porque nos deja afuera de la carrera contrarreloj en la cual estamos involuntariamente inmersos.

El deseo tiene relación con buscar algo más, con el impulso por crecer o desarrollarnos, es el exceso en la insatisfacción lo que puede significar un problema. Estar dentro de ese ritmo puede generar obsesión por los logros y el desarrollo. Esto se observa en personas que están constantemente en movimiento, buscan nuevas metas y proyectos permanentemente, y para ellas llegar a un estado implica tener que lograr otra cosa y así sucesivamente.

En este contexto, ningún estado se percibe como suficientemente bueno, siempre hay algo más por conquistar. Las ansias por desarrollarse, formarse y ascender son tan fuertes que impiden la valoración de los procesos y del estado actual. El foco siempre está ubicado en el futuro y en aquello que falta.

Esto es así a veces desde lo económico y a veces en relación a la vida académica, laboral o personal del individuo. El modo de leer la realidad está en relación a lo que aún no se ha alcanzado, buscando siempre, sin descanso, como si escalara una colina sin encontrar la cima.

Estar en este camino implica gran autoexigencia y presión y una sensación de nunca terminar de cumplir el objetivo, a la vez que se pretende ser sobresaliente en todo lo que se lleva a cabo, generando gran frustración cuando algo no sale como planean. Este estrés sostenido en el tiempo puede generar, además, consecuencias en la salud. El no-descanso tiene repercusiones, estas personas no se permiten relajación profunda prácticamente en ningún momento.

En el trasfondo de esta carrera en busca de logros y desarrollo constante, podemos encontrar una necesidad, quizás, de sostener una imagen, o podríamos preguntarnos a quien va dirigido todo ese esfuerzo, con quien o quienes se quiere cumplir. Esta cuestión del esfuerzo sostenido por ser «mejor» o suficientemente bueno a ojos de los demás, tiene, por lo general, una raíz en los primeros vínculos de amor, donde a veces la crítica o exigencia de las figuras parentales lleva a potenciar esta necesidad de cumplimiento.

Los logros, desde esta reflexión, pueden verse como regalos hacia esas figuras, una mostración de las propias capacidades que busca un reconocimiento. Trabajar estas cuestiones de fondo permite distinguir aquellos objetivos que son propios, de los que están ahí para otros. Cuando hay un exceso de energía en relación a la ambición y los logros podemos intuir que hay algo inconsciente que las direcciona y que no es tan voluntaria la elección como a veces se piensa.

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