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Seguro que estás de acuerdo: Falso consenso

Publicado por María Gómez

Cómo nos gusta pensar que nuestras opiniones son compartidas por la mayoría de la gente. Al menos, eso nos hace sentir que nuestras creencias son las correctas. Si eres seguidor de un equipo de fútbol concreto, seguramente creas que la mayoría de la gente también seguirá al mismo equipo. Lo mismo ocurre cuando nos referimos a los partidos políticos. Nuestros cálculos siempre se desvían hacia el extremo que, curiosamente, nos beneficia, el que es acorde con nosotros. Sin embargo, volvemos a errar una y otra vez. Volvemos a equivocarnos cuando se trata de valorar a los demás y a sus creencias.  Nos referimos, pues, al sesgo de falso consenso.

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De nuevo, el ser humano sobrevalora y sobreestima sus conductas, sus opiniones y creencias por ser las más elegidas y compartidas por el resto de las personas, según él mismo. Podríamos considerarlo como un elemento más destinado a afianzar  la confianza en nosotros mismos y en que todo lo que hacemos lo hacemos bien.

Estás a tiempo de huir de esta trampa cognitiva que no fomenta más que el mantenimiento de una estrecha perspectiva  a la hora de encarar las vicisitudes de la vida. Además, es enormemente limitante tanto a nivel personal como profesional ya que impide que te puedas adaptar con facilidad a los cambios y dinamismo del entorno al tiempo que dificulta que puedas extraer maravillosos aprendizajes de los demás. 

Nos sentimos cómodos cuando se confirman nuestras ideas. Más aún, cuando éstas son reafirmadas por otros, puesto que esta circunstancia fortalece todavía más nuestra teoría. Por tanto nos consideramos con pleno derecho para generalizar y además hacerlo sin precaución. 

Es importante recordar que, en algunas ocasiones, el hecho de que la mayoría de las personas piensen de la misma manera o mantengan opiniones similares acerca de algo, no implica que estén en lo cierto o que sea correcto, como ocurre con el fundamentalismo islámico, por ejemplo.

En realidad, cuando uno hace una predicción de la conducta de alguien, la está realizando de manera egocéntrica. Sería como una especie de extensión de sí mismo proyectada en los demás. Y todo ésto lo elabora el cerebro para no sentirnos aislados, para convencernos y asegurarnos de que participamos del entramado social, que somos parte de algo que de lo también otros muchos forman parte.

Plantéate si alguna vez no te has arriesgado a emprender algún proyecto porque pensaste que era tan obvio que alguien ya lo habría explotado, y, un día, viendo distraidamente un reportaje de la televisión, te encuentras con que dedican un espacio a una persona que ha tenido una brillante idea, ejemplo de innovación, la ha llevado a cabo y es realmente rentable. Casualmente, tu idea era muy similar. Perdiste tu oportunidad, pero no pierdas la esperanza.

No tires la toalla antes de empezar, tampoco te lances a lo loco. Haz un pequeño estudio de mercado sobre el ámbito al que te vas a dedicar y realiza una prospección del sector para saber si ti idea está  implantada, y si todo está a tu favor, busca los apoyos necesarios y adelante, valiente.

 

 

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