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El acting en la cura

Publicado por Betina Ganim

El post pasado les hablé de la diferencia entre el inconsciente freudiano (en tanto entendido como depósito, como contenido) y el inconsciente lacanaiano, el nuestro, como dice Lacan.

Terminamos el post pasado con ese momento de cierre del inconsciente, de la aparición del objeto a, de lo real. Ese momento donde la cadena de significantes se obtura, el paciente calla, no hay más nada para decir… ¿Qué hacer con eso en la cura? Bueno, eso es otra cuestión.

El acting out en la cura

Lo que el posfreudismo ha hecho con eso ha sido que en el punto del cese de la cadena, proponer un ideal; es un momento de cierta angustia, y ese ideal tenía que ver más que nada con la persona del analista, el analista tomado como un modelo a partir del cual el paciente se agarraría, se cerraría, se pasaría este momento de angustia y se volvería a la asociación.

Este momento de cierre, de presencia del objeto, va a estar después elaborado en función de lo que es el deseo del analista, la presencia del analista que, obviamente, supone en el analista un lugar muy particular: el punto de qué hacer frente a la aparición del objeto. Una cosa es proponerse como modelo, tratar de salir de eso, tratar de apelar a los ideales (como hacía el posfrudianismo) y otra cosa es ir por el lado de qué hacer con el deseo del analista.

Les decía en los posts anteriores que lo que se pone en juego tanto en el acting-out como en la transferencia es ¿qué valor tengo yo como objeto para el deseo del Otro?

Dije también que si hay diferencias entre acting-out y transferencia se trata de diferencias descriptivas.

Hay también otra diferencia en el nivel del lugar que ocupa el Otro en el deseo, cuando se hace un manejo analítico del acting out. Si vemos que el acting se pacifica, lo que decimos es que el objeto ha encontrado o ha ido encontrando un lugar en el deseo del Otro, porque el acting, como hemos visto, es una forma loca de desalojo, desesperada, una forma que responde a la angustia, un momento crítico para el sujeto.

Justamente porque en ese momento no se tiene certeza de lo que se es para el deseo del Otro; entonces locamente, haciendo todo este montaje, montando esas escenas y demás, el sujeto en acting produce esta cuestión salvaje.

Y el manejo de la transferencia tiene que ver con cómo ir respondiendo a esto, y es algo que se ofrece de una manera misteriosa… En el reino de lo no articulable estamos siempre teniendo que dar alguna vuelta, buscar alguna vuelta para lograr así una transferencia pacificada.

Pero en un análisis puede ser que retorne la angustia y retorne por ese motivo la búsqueda desesperada de qué soy para el Otro, qué soy como objeto, y vuelve la mostración…

Entonces estamos navegando con el mismo recurso pero para responder a la misma pregunta frente a distintos Otros, -por decirlo de alguna manera.

Una cosa es el Otro que aloja, que da un lugar en su deseo; y otra cosa es el Otro que se hace el desentendido. Esto lo vemos por ejemplo en el caso freudiano de la joven homosexual.

FUENTE: LACHEVSKY, J. Seminario Responder a la angustia (inédito)

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