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Analista y analizante

Publicado por Betina Ganim

Uno de los textos fundamentales de la enseñanza de Jacques Lacan es «La dirección de la cura y los principios de su poder», escrito que formó parte del Coloquio Internacional de Royaumont en 1958.

Allí, en el primer párrafo Lacan habla de la persona del analista y la persona del analizante, expresiones que además de llamar la atención, parecen darle cierta simetría a aquella pareja analítica de «transferencia-contratransferencia».

analista analizante

Para entender un poco de qué habla Lacan aquí, tenemos que ir a la referencia que nos da allí: «The compleat strategyst», en el que hablando de la teoría de los juegos, le permite establecer una diferencia entre el jugador y la persona.

Así nos da el ejemplo del bridge. En este juego hay cuatro jugadores, pero solo dos personas, compuestas cada uno por dos jugadores. Es necesario también introducir que en la teoría de los juegos, no se consideran los juegos de absoluto azar, sino que es necesario que haya reglas.

En el bridge cada pareja constituye una persona, que toma una estrategia para ganarle el partido a la otra pareja.

Podemos decir con este ejemplo que la persona sufre un desdoblamiento en dos jugadores que tendrán que encontrar, dentro de lo que las reglas del juego permiten, cómo, de qué manera transmitir la estrategia tomada al otro miembro.

En «La dirección de la cura» entendemos entonces con esta referencia, el término «persona» (aplicado a analista y analizante, como dije al principio) no los iguala para nada, no marca simetría entre ellos, ni tampoco se refiere a «personología» alguna; sino que solo dice que ambos están implicados en un mismo partido, con estrategias distintas.

la referencia es importantísima en este punto. No hay simetría entre el analista y el analizante. Además tenemos que saber, o recordar, que esta época de Lacan estaba signada entre otras cosas, por una ferviente crítica a lo que sería la relación dual en un análisis, una relación puramente imaginaria.

Por el contrario, el elemento que tiene toda su importancia es lo simbólico, un registro tercero en esa relación dual. El inconsciente, el Otro…

Primero, para introducir lo simbólico, Lacan se sirvió de manera provisoria del concepto de «intersubjetividad», tomado prestado del campo de la fenomenología. Este concepto, en el desarrollo de la teoría de la transferencia como tal, como «intersubjetividad», le servirá a Lacan para poner énfasis en el desplazamiento de lo imaginario a lo simbólico, que terminará en la ruptura definitiva con dicha concepción.

Con la noción de objeto a es que desaparecerá todo rastro de intersubjetividad en cuanto a la transferencia, y desaparecerá de la teoría todo vestigio de simetría.

La única regla del analista, decía Freud, es la «atención flotante», y esto implica que del lado del analista hay más «noes»: escuchar todo libremente, decía Freud, no centrarse en un solo elemento del discurso. Más noes porque también en Lacan nos encontramos por ejemplo con «no responder a la demanda»; «no comprender»; no interpretar sin cálculo; no ocupar otro lugar que el del silencio…

En ese punto, tanto del lado del analista como del analizante la libertad es limitada. Porque el analizante, a pesar de la que la regla analítica pida que diga todo, decir todo es imposible…

FUENTE: Las estrategias de la transferencia en psicoanálisis.

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