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El analista debe analizarse

Publicado por Betina Ganim


Por supuesto. Pero partamos de una pregunta: ¿Qué queremos decir en psicoanálisis cuando hablamos de «cura analítica»? Bueno, empecemos rastreando los orígenes del psicoanálisis. Origen que tiene un nombre: Sigmund Freud.

Hay algo que suele escucharse en «la calle»: que «el psicoanálisis no va más, o que no hace falta saber tanto…¿para qué? ¿No basta con 8 sesiones y que se me pase el miedo al compromiso? ¡Dadme consejos!! ¡Déme deberes, tareas para la casa y se los traigo hechos, pero no me pregunte demasiado de mis padres ni de amor…»

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Ecos de lo que se escucha hoy en día. Pero bueno, ya esto es algo con lo que estamos en lucha permanentemente, por cuestiones que son fundamentales en el campo del psicoanálisis mismo. Defender con fundamentos la versión de «cura» analítica es anmi entender, la buena manera de luchar.

Si volvemos a Freud, fue su encuentro con la histeria que marcó el punto de partida de sus desarrollos, en torno a la clínica con estas pacientes.

A diferencia de Freud, Jacques Lacan se introduce al psicoanálisis por la psicosis, y a través de su enseñanza podemos ver el camino que retoma de Freud, como así también sus cuestionamientos -no solo a Freud sino a él mismo.

Hoy la orientación lacaniana es de la mano de Jacques-Alain Miller un camino a transitar; cada uno desde su soledad pero articulándola a la Escuela, concepto introducido por Lacan. Miller considera que teoría y práctica forman una sola cosa, y esto podemos verificarlo en cada caso.

En tanto analistas lacanianos, la apuesta es a lo singular, rechazando de esta manera todas las cuestiones estadísticas, las generalidades; rechazamos también las clasificaciones que llevan a un solo remedio: la pastilla y terapias conductuales, que lleven al sujeto a la reducción a un objeto…

Aun así, que nuestra práctica esté orientada al caso por caso, eso no impide una demostración o verificación de sus efectos, de la eficacia analítica, si se quiere. Hay una lógica en la dirección de la cura, de las que les he hablado varias veces en este blog. Hay una lógica y hay fundamentos de los que también les he hablado, siguiendo los lineamientos de Eric Laurent (los remito a su lectura en este blog)

Por ejemplo, de esos fundamentos enumerados por Eric Laurent tenemos uno que es el que tiene que ver con el análisis del analista. Porque no hay analistas sin análisis; un analista es analista en tanto haya experimentado su propio inconsciente, tenga un saber de su ser de sujeto, para justamente, sacarlo del medio y poder recibir (sin «puntos ciegos») demandas que toquen temas del propio análisis.

Lo mismo respecto de la discusión sobre la contratransferencia: que Lacan la desestime es porque no es que al analista no le pasen cosas con el analizante, pero por su análisis deberá saber sobre eso y quitarlo del medio, porque de esa manera un análisis se transforma en una relación entre dos sujetos.

Lacan, en cambio propone el deseo del analista en ese lugar, en el e la contratransferencia. Un deseo que es una x, un enigma…pero es algo que provoca el sujeto el inconsciente, que lo causa. Y el único inconsciente, el único sujeto en juego no será el analista precisamente…

FUENTE: REVISTA FREUDIANA, NUM. 63. ELP, BARCELONA.

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