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Deseo del analista en el siglo XXI

Publicado por Betina Ganim

En la entrada pasada les introduje la cuestión de la política en psicoanálisis, y cómo ésta se vincula al deseo del analista, cuando podemos extender esta noción lacanaina más allá de la clínica.

Como les dije, hay deseo del analista más allá de la cura, y tiene que ver con sostener políticamente el psicoanálisis, a partir de la fundación por Lacan de su Escuela.

d del analista y siglo XXI

Podemos decir que se trata de una extensión de la responsabilidad del analista: hacer que el psicoanálisis sobreviva en nuestra cultura. Y para esto se supone que debe existir una transferencia de trabajo tal que permita lanzar y sostener una orientación, ya sea en la clínica (en el llevar a delante la cura, los tratamientos) como en la política.

En este punto se puede pensar esta cuestión como ir más allá de la «neutralidad», anudando un deseo por el psicoanálisis, que carezca de anonimato. Tal extensión de la cuestión del deseo del analista y la responsabilidad que implica se puede ver cada vez más cuando cada uno se plantea la pregunta sobre su formación: ¿Cómo hacer? ¿Por dónde empezar? ¿A dónde ir?

Esto implica ya una responsabilidad sobre el sostenimiento de la pregunta misma sobre qué es «un analista». Esta es una pregunta que los que habitamos las instituciones nos asalta, en el mejor de los casos. Un síntoma. Y un síntoma que podrá convertirse en estrago si se hace de la institución y del grupo un Ideal.

También este tema de la neutralidad nos lleva a pensar en esta época, en este siglo en el que vivimos. ¿Cómo sostener la neutralidad analítica cunado el discurso Amo que reinaba ya no existe? Es que esta época nos exige de alguna manera que salgamos de esa «neutralidad». Es fácilmente posible que un practicante del psicoanálisis se quede sin trabajo, o no lo consiga, si se queda en esa posición «neutral» respecto de su práctica.

Hoy en día, en esta época del Otro que no existe, nos enfrentamos a una cantidad e fenómenos que tienen que ver con que no hay Otro que responda, por lo que proliferan los actings, los «llamados de atención» (en sus formas y «niveles de gravedad» más variados), en forma también de compulsiones, ya que como el Otro ya no existe, siguiendo a Lacan planteamos que lo que sí existe es la asunción de la pulsión de muerte al cenit social, y de allí que tengamos que salir de esa neutralidad, y poner el deseo del analista a trabajar.

En esta época, el deseo del analista hace falta. Un deseo, una presencia del analista en relación a la clínica con la que esta época nos confronta continuamente en nuestra práctica.

Sabemos que en el discurso analítico el analista es el que ocupa el lugar de objeto, lo que supone sostener y manejar un vacío (dirigiéndose al sujeto del inconsciente) pero es un vacío con presencia, podemos decir. Y para eso es necesario operar con el deseo; un deseo que opera como corte.

Es decir, ante la angustia creciente vinculada a esta inexistencia del Otro (como orden simbólico desfalleciente) la operación analítica tendrá que ver con elaborar y recortar esa angustia para provocar que el sujeto mismo se haga cargo, desde su posición, de su acto.

FUENTE: Revista La Cita, año 2004.

Categorías: Psicoanálisis