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Consentimiento del analista

Publicado por Betina Ganim

La viñeta clínica que les traje la semana pasada para ilustrar este recorrido particular que implica la lógica de la cura, permitía dar cuenta de que esa reconstrucción que el paciente hace en análisis, produjo un efecto de verdad tal, que al poder ligar esa angustia con su historia, la angustia desapareció, en una especie de desplazamiento.

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A nivel de lo que en psicoanálisis llamamos «división subjetiva», un análisis tiene mucha tarea que hacer. Para que alguien busque la solución a esa división en un análisis, podemos decir que tiene que existir cierta «creencia»; una creencia al menos en el sentido de que ese «estado» es por algo, se produce por algo…Claro que existen miles de soluciones a esa división subjetiva, y vemos los casos por ejemplo en que alguien en su desesperación se apunta a un grupo de teatro, o hace reiki, se apunta al gimnasio, etc…

Pero si llega a un analista, y se llega al punto en que este paciente llega en su recorrido, del lado del analista empieza a haber una especie de certeza de comenzar a consentir un final, un desencadenamiento del fin de análisis. Eso es importante en el sentido de que si el analista no consiente, no va a poder ubicarse en eso. Si consiente, la menea de ubicarse es la de colaborar en la caída de sí mismo como Ideal; en desilusionar en ciertos puntos e ir haciendo algo muy especial con la transferencia.

Que un analizante, llegado al punto «2» del tratamiento, como vine planteándoles la semana pasada, ese pasaje, no venga más, porque algo s e alivió, eso no e sun final de análisis, entonces ¿qué es? Bien, podemos decir que se trata de una posible salida del análisis, no s puede llamar conceptualmente «fin de análisis»

Desde el punto de vista del analista, existe un problema, algo que en lo que Lacan y sus discípulos insisten, pero del que tampoco hay que hacerse «soldado de Dios»…

Es cierto que al analista no consiente allí todas las señales por las que el analizante plantea irse. Está la cuestión de cómo conseguir un empuje que implica muchas peripecias, según la particularidad del analizante, por supuesto. Porque se tiene la convicción de que no se ha llegado a ese punto fantasmático. Que tengamos en cuenta que es una frase, que puede ser un punto muy «tonto»…No hay que creer que ese fantasma es algo tan complejo; nos bien se trata de «lo mismo», no es algo tan misterioso y mágico! Pero aún así se trata de un trabajo de ubicar ese punto fantasmático para que se lo subjetiva como lo real de de la lógica de toda una vida.

En relación hasta donde un analista debe empujar y hacia dónde, eso es caso por caso. Tenemos la ética del analista que hace que uno no sancione esas salidas como verdaderos finales, pero tampoco se resuelve cogiendo del cuello al analizante… Entonces el analista debe a veces renunciar al deseo del analista, y luego poder revisar su posición en otros espacios. Lacan mismo decía que él tampoco empujaba a todos al final…y tenía sus criterios.

FUENTE: INDART, JC. «La lógica d ela cura» Seminario, 1993

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