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El Padre en el segundo tiempo del Edipo

Publicado por Betina Ganim


En el segundo tiempo del Edipo, en el que como decía el post anterior (siguiendo a Lacan en su Seminario 5) tiene que ver con el tener o no tener, el maravilloso objeto en cuestión ya no es el objeto fálico imaginario (que se intenta ser para colmar a la madre) sino que ya se tiene que dejar de mirar juguetes, fetiches, distintas y variadas cosas, y se tiene que mirar entre las piernas, a ver si ahí está el objeto maravilloso o no.

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Lo que Lacan repasa es que esto va a pasar por la lógica del tener o no tener, y que, por lo tanto, en el caso del varón -va a citarlo así- su manera de entender la castración, no hay conquista simbólica del tener que esté basada en la constatación biológica de tenerlo.

Así que ese es todo el problema en este segundo tiempo, tiene que haber una operación de castración; «no lo tengo» -al menos al nivel de la amenaza imaginaria- para, por último, llegar al último tiempo. Esto es, que en el caso del varoncito el sujeto se afirme en el tener y los ideales del yo según los que acompañan a cada cultura a la posición viril.

Y va a quedar del lado de ella, de la niña, un imaginario: haber imaginado, cuando se mira entre las piernas, que lo tiene, para poder así hacer valer que recibirá una castración muy especial, porque es la que corresponde más bien a “estás privada”. Toca algo real ese no tener.

En estas clases que estoy transmitiéndoles del Seminario 5 de Lacan, todo parece estar presentado como problemas. Pero creo que también está bastante claro. Se podría decir que es un resumen de lo que hay que elucubrar partiendo de Freud.

Y tenemos la insistencia clara de Lacan, de que en el segundo tiempo, donde está en juego el tener o no tener, aquí el Nombre del Padre tiene que aparecer encarnado; es decir, en presencia de alguien.

Es un paso, que para franquearlo, debe intervenir, en algún momento, realmente, efectivamente el padre.

Entonces, antes de seguir con el segundo tiempo, repasemos hasta aquí: el panorama que tenemos es que bastaría que la madre le diga al hijo o a la hija: «te tuve con una piedra negra»- como dicen tribus primitivas. Este es el ejemplo extremo que le sirve a Lacan para hablar en el primer tiempo del Edipo del Nombre del Padre como un símbolo. Dijimos que la madre ya está en una referencia a todo este sistema cultural, si dice eso. Ya eso le da una significación a su deseo.

El niño no sabe nada de eso pero recibe el efecto y puede identificarse a ser el falo. Hasta aquí el primer tiempo. Toda esa figura narcisística, pegoteada con la mamá, en ese relación especular que se describe como dualidad con la madre, que hace que el niño no quiera crecer, o no quiera separarse de ella, hace que todo el mundo vea que eso no está muy bueno… que hay una fragilidad terrible, que cada vez que se le rompe eso, que la madre se va, no le da el signo de confirmación de ser el falo, sino que se derrumba en la angustia.

¿Cómo se pasa a ese segundo tiempo? Bueno, algo les he adelantado, seguiremos el post siguiente.

FUENTE: LACAN, JACQUES. EL SEMINARIO, LIBRO 5, LAS FORMACIONES DEL INCONSCIENTE. ED. PAIDÓS.

Categorías: Psicoanálisis