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Ficción y goce

Publicado por Betina Ganim


Como señalé el post anterior, Lacan había comenzado su enseñanza propiamente dicha con el famoso axioma de que «el inconsciente está estructurado como un lenguaje», dándole al registro simbólico la primacía sobre lo imaginario; registro este último por el que se orientaban ciertas ramas del solar psicoanalítico.

por quien y para quien

Pues bien, señalé también que en los años ’70, y a partir del Seminario «Aún» (1972-1973) todo cambia en este aspecto. Es decir, se produce un corte en la enseñanza de Lacan, quien sostiene que la estructura del lenguaje no es más que una elucubración de saber sobre lalengua -ese neologismo que usa Lacan para dar cuenta del encuentro entre el lenguaje y el cuerpo.

Es entonces que el lenguaje, a partir de ahí, no es más que ficción, el lenguaje tiene estructura de ficción. De esta manera, lo simbólico cae también en este registro de ficción.

Es cierto que a partir de este momento en que Lacan enuncia este corte, esta ruptura, muchos de sus seguidores la desconocieron; digamos que prefirieron quedarse y sostener su práctica en lo que llamamos su primer enseñanza. Estos lectores y seguidores no se avinieron a que lo simbólico sea ficciones, pensando que es del orden de lo real.

Lo simbólico, de esta manera, pasa a ser abordado como un parche que sirve para resolver la no-relación sexual; como dice Miller, lo simbólico es parecido a un venda, una elucubración de saber que intenta cera la herida, la herida de la no-relación sexual…

Lo que sostiene J-A Miller en su Curso «Sutilezas analíticas» en este punto es que no se puede entender ni leer la última enseñanza de Lacan sin la orientación de que el inconsciente, en análisis, que el inconsciente freudiano tiene estructura de ficción. ¿Ficción de qué real? Del goce, de aquello que no tiene estructura de ficción.

Es por eso que el término «inconsciente» parece hacernos creer que tenemos que pensar en la oposición conscinete-inconsiente. Pero lo consciente es muy equívoco, no sabemos muy bien de qué se trata. Porque si pensamos lo consciente como aquello que tiene que ver con un saber inmediato y cierto, transparente, enseguida nos surge la pregunta: ¿pero qué es lo que sabemos? Pues lo que «creemos» saber…

Así, podemos decir que un sujeto conciente es aquel que suponemos sabe lo que piena, lo que quiere, lo que dice, lo que hace, de lo que goza, de lo que sufre, etc.

Pero por la experiencia psicoanalítica sabemos que el sujeto resulta ser una «falsificación»; que no sabe de nada, que se contradice, que cambia todo el tiempo de opinión, de saberes, etc… Es más, si hablamos d inconsciente hablamos de un hecho lógico: lo que se deduce de lo que se dice.

Siguiendo con este tema de las tres modalidades de análisis (los remito a posts anteriores) en el análisis que dura no operamos para nada con la oposición consciente-inconsciente. En el análisis que comienza, lleno de revelaciones, puede que esa oposición se haga más relevante, en tanto algo que se pensaba que se sabía(consciente) en realidad no se sabía(inconsciente).

En el análisis que dura, la oposición fundamental es la del inconsciente en tanto saber, y el goce.

MILLER, JACQUES-ALAIN. «SUTILEZAS ANALÍTICAS» ED. PAIDÓS

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