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La función del equívoco

Publicado por Betina Ganim

Cuando hablamos del tope en un tratamiento psicoanalítico, implica que en el lugar de las verdades «reveladas», se ubica un goce que no entra como saber, un goce que no se puede decir.

El alcance de la empresa analítica en el sentido en que Lacan nos orienta, es verificable caso por caso, se puede transmitir caso a caso. Algo que también es esperable de la ciencia, aunque el real del psicoanálisis no es el real de la ciencia.

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En el campo de la físico-química, por ejemplo, existe la posibilidad de verificar en lo real el funcionamiento de ciertas estructuras, siempre sobre la base de la definición de un imposible. Lo que las arma como ley es siempre esa definición.

Esto mismo implica por qué en psicoanálisis es diferente; por qué en psicoanálisis no puede operar algo similar.Por ejemplo, tomemos el caso de la interpretación. La interpretación tomada en su definición clásica, desde Freud, empieza a discutirse si es un acto, una interpretación (del significante, del objeto…) y son todas construcciones muy importante, pero suelen caer en una especie de clasificación.

Si hablamos de interpretación tenemos que referirnos a sus efectos, si ha causado una falta subjetiva; porque un significante causa esa división subjetiva y tenemos un punto de partida a la apertura de una secuencia incalculable. Allí tenemos un importante punto de partida como causa de lo vendrá después.

Pero esta secuencia que se abre, que implica la asociación libre, diría Freud, ese material que aparece luego de esa interpretación y que verifica que eso fue una apertura. Los efectos de una interpretación que abrió una determinada secuencia, puede durar toda una vida. Y eso implica una dificultad a la hora del cierre, en determinado momento, de esa «memoria».

La cuestión es que la interpretación debe abrir una secuencia que sea calculable; verificar, y a cierta altura decir «stop!», terminó la eficacia de esa interpretación y veamos qué salió. Pero si bien abre una secuencia, la marca es lo de «incalculable».

Tenemos como versión de la interpretación, lo que llamamos «equívoco». El equívoco como campo en el que se produce la división subjetiva, la articulación de su falta, que ni siquiera se pueden clasificar, ya que son incontables los modos en que un equívoco puede funcionar. No se trata solo del equívoco de sentido de un término; así que estas situaciones equívocas de por ejemplo del tipo «no se sabe quién se dirige a quién», valen perfectamente en este punto.

Hay una anécdota del encuentro entre Humberto Eco y Lacan que permite dar cuenta de esta cuestión, algo que en una cena que tuvieron con Lacan, que el primero escuchó, pero que nunca se sabrá si se dijo o no…como algo que Lacan había dicho pero que lo alude, y eso le cambió la vida después. Humberto Eco no da demasiados detalles de eso, pero en toda esa problemática en la que él estaba inserto, en los problemas culturales que le comentaba a Lacan, él estaba muy abrumado por eso y todo se modificó a partir de ese encuentro.

FUENTE: INDART, J.C. Seminario «Lógica de la cura»

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