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Origen del Superyó

Publicado por Betina Ganim

La esencia humana, nos dice Freud, está estrechamente relacionada con la lucha entre Eros y Tánatos, pulsión de vida y pulsión de muerte.

De esta manera, la evolución cultural se puede definir como la lucha que emprende la especie humana en pos de la vida.

Si bien existen muchas preguntas que se formula Freud en «El malestar en la cultura» que no alcanzan respuesta, sí se atreve a ensayar algunas respuestas posibles.

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La cultura tiene sus recursos propios para hacer inofensiva esa agresividad propia de la especie humana, hasta el punto de hacerla desaparecer.

¿Cómo?

Existe una internalización de la agresión, nos dirá Freud entonces, que se dirige contra el yo en calidad de Superyó, teniendo la función de «conciencia moral». De esta manera, extiende frente al yo la agresividad que el yo hubiera hecho actuar con el exterior.

Así, se crea una tensión entre la severidad del superyó y el yo, que Freud llama «sentimiento de culpabilidad», y que se hace manifiesta con la forma de una necesidad de castigo.

Es entonces que la cultura domina esa agresividad yoica, lo debilita y lo mantiene bajo vigilancia.


Ya aquí Freud plantea que la lectura que el psicólogo tiene del superyó no es la misma que la que hace una psicoanalista -lo que no signifique que le sea más fácil explicarla.

El tema es que la mayoría de los psicólogos consideran que uno se siente culpable cuando hizo algo malo. Freud dice que uno muchas veces se siente culpable solo con el pensamiento de hacer algo, solo con la intención…

Lo común a ambas posturas es que hay algo que se presume como «malo», ya sea que se ejecute en acción o en pensamiento.

Pero hay veces que algo que se considera «malo» es algo que el yo desea, nos dice Freud, algo que le proporciona cierta satisfacción. Hete aquí la influencia del mundo externo, respecto de lo que puede considerarse «bueno» o «malo».

Y Freud se pregunta cómo el ser humano, o por qué es que se somete a estas cuestiones que plantea el mundo externo. Y dice que es porque en el ser humano está ese desamparo original que lleva a una necesidad de ser amado. Entonces, por miedo a perder ese amor, se somete a esas influencias.

Es interesante entonces cómo Freud aquí plantea que es «lo malo»: aquello por lo que uno se ve amenazado en cuanto a perder el amor. Es así que se evita cometer tal acción: por miedo a perder el amor. El tema es que eso mucho no importa, sino solo cuando la autoridad en cuestión descubre el acto «malo».

Freud nos dice aquí que el cambio fundamenetal se produce cuando esa autoridad externa se internaliza en el superyó. Por lo que aquí se borra esa diferencia entre hacer algo malo e intentarlo, ya que nada escapa al superyó.

Para terminar hoy, Freud considera aquí dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: por un lado, el miedo a la autoridad; por otro, el temor al superyó. Mientras que el primero lleva a la renuncia de satisfacción libidinal, el segundo lleva además al castigo, ya que es imposible ocultar al superyó esos deseos prohibidos.

FUENTE: FREUD, S. «El malestar en la cultura»

Categorías: Psicoanálisis