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¿Prohibición?

Publicado por Betina Ganim

En el recorrido que vine haciendo respecto del conceto del superyó en psicoanálisis, había dicho que Lacan toma de Kant esa escisión que hace entre el bien y el bienestar.

Esa referencia kantiana de la conciencia moral es el superyó freudiano, en tanto Freud mismo habla de esa conciencia moral cuando se refiere al superyó.

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Y Lacan demostrará que ese principio kantiano de la conciencia moral no es más que el «goce»; ese concepto que permite establecer una hiancia entre el Bien y el Bienestar. Lacan toma de Kant que el hombre necesita algún bien que lo separe del bienestar, para ser «moral»; hiancia misma de la que Lacan se sirve para diferenciar el placer del goce.

En la historia del psicoanálisis la cuestión de la división subjetiva muchas veces se abordó como una prohibición; es decir, que para que la conciencia moral se constituya debe haber un imperativo que diga «no hagas eso porque está mal».

Pero Lacan, y lo podemos ver en su Seminario 20, «Aún»(1972 – 1973) toma tal imperativo de un modo netamente diferente. Allí, el imperativo superyoico es «Goza!». Y lo paradójico de este imperativo es que a la vez funciona como una interdicción, en tanto gozar, según Lacan, es imposible. Hay algo de imposible en el goce.

La ley del Edipo -esto es algo que se ha vuelto cliché- no se trata de una ley que implique la homeostasis y la regulación; no es la ley Edípica algo que permita que las cosas se mantengan unidas y en equlibrio.

La ley edípica incide más bien de una manera perturbadora. Y es este aspecto de la ley del Edipo el que destacamos para dar cuenta de la instancia superyoica (heredera del Complejo de Edipo, habíamos dicho en un post anterior)

Ya Freud en su ensayo «El malestar en la cultura» (1930) nos transmitía que cada vez que uno renuncia a una satisfacción pulsional, el superyó era más severo.

Es algo paradójico, porque desde el sentido común podríamos decir que sería al revés: que si uno renuncia a la satisfacción, el superyó «se frotaría las manos», se ha salido con la suya. Pero no. Freud nos dice que se vuelve aún más severo.

Los post freudianos no pudieron explicar esta frase, porque aún los «mejorcitos» como Alexander, contemplaban que el Superyó era el jurado, el Ello era lo pulsional, y el Yo siempre en conflicto entre ambas instancias. Es decir, que el superyó prohíbe el goce…

Pero Freud nos dice que el superyó no se tranquiliza si se renuncia a la satisfacción!! Se vuelve más severo!!

Entonces ¿qué lee Lacan de este paradójico planteo de Freud?

Que el superyó, por el contrario, pide gozar, exige aún más satisfacción. Exige goce. El superyó sstá del lado del goce.

En su texto «Televisión» de 1973, Lacan habla de «la gula del superyó», que da cuenta de esa severidad en aumento que caracteriza al superyó.

Es así que esa paradoja freudiana que aparece en 1930 queda desterrada con el planteo lacaniano del superyó: «¡Goza!» El superyó lejos de prohibirlo, exige el goce.

FUENTE: MILLER, J-A. «Recorrido de Lacan. Ocho Conferencias»

Categorías: Psicoanálisis