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Publicado por Betina Ganim

En psicoanálisis apostamos siempre a lo singular.

Teniendo en cuenta la clínica que se desprende de lo que llamamos «primer enseñanza de Lacan», estas respuestas particulares las podemos ubicar en relación al Otro. Al deseo del Otro.

Una diferencia básica que encontramos entre el sujeto obsesivo y el histérico es que aquel no tiene la necesidad de que todos sus dichos y comportamientos sean garantizados.

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La cuestión en el sujeto obsesivo es la de ser él mismo garante del Otro -ya sea otro o él mismo ese Otro.

Toda su estrategia está puesta en hacer solo lo que tiene que hacer, más no le pidan.

Si en la histeria vemos esto de que se ubica como Amo, el sujeto obsesivo se acomoda muy bien al lugar de esclavo. Y si aún así se rebela, lo hará siempre en nombre de Otro, de la ley.

Esas reglas a las que el obsesivo necesita articularse, son las mismas que no tolera el sujeto histérico.

Para el sujeto histérico, si está todo demasiado reglado, mata el deseo.

En cambio, el sujeto obsesivo es muy obediente, eso lo demuestra la clínica claramente. La relación del obsesivo con el Otro es de obediencia a su demanda. Y si hay algo que lo desestabiliza es el capricho del Otro.

Toda esta armadura es una estrategia en que el yo toma una consistencia inquebrantable. Y esto a la vez es correlativo a su deseo evanescente. Podemos decir que frente al objeto, su deseo se desinfla…

Otra de las aristas de la obsesión, en íntima relación con lo anterior, es la cuestión del control. La función de vigilar, ya sea en su vinculación al insomnio, como en la vida despierta, en la que esta incansable vigilancia se torna a veces insoportable.

Es que el sujeto obsesivo pone en esto todo su ser, para preservar esa consistencia yoica. Que nada cambie.

Respecto de la dirección de la cura de un paciente, J-A Miller dice que un analista así como puede histerizar a un paciente, puede también obsesionalizarlo, y eso tendrá que ver con su propia posición respecto de su práctica.

Están los ejemplos de los analistas de la IPA que no se corren un ápice de las reglas pautadas, esta cuestión del encuadre y demás…

Pero también están esos analistas «lacanianos ortodoxos» que si tienen enfrente a un paciente con el cuerpo escayolado, son capaces de no preguntarle qué le pasó, porque eso se sale de su «función» de analista…

Ahora bien, en la cínica propia de Lacan, los datos que tenemos indican todo lo contrario; por ejemplo, él mismo iba a visitar a pacientes gravemente enfermosen los hospitales, y las sesiones cortas allí no tenían lugar…

Esto de las «sesiones cortas» ha dado que hablar durante años a muchos!! Y si bien las sesiones eran de tiempo variable (obviamente más cortas que las regladas por la Internacional, y eso era casi un sacrilegio) su responsabilidad con los pacientes era mucho mayor que el llamado «holding» estipulado obsesivamente por la Internacional.

Existe toda una manera de describir a un paciente cuando hablamos de un caso, y tiene que ver con la «pantomima» que cada uno tiene respecto del deseo del Otro; es decir, que cada vez que un sujeto se enfrenta con la falta en el Otro, hay una respuesta particular, estructural, que hace a su estrategia.

Claro que aquí se diferencia la obsesión de la histeria. Esa respuesta es, para decirlo de una manera general y amplia, su fantasma, su «manera de ser» (haré aquí una digresión: no se trata esto del «fantasma fundamental» como resto del análisis, claro) su respuesta particular.

Veremos en el post siguiente algunas particularidades.

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