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Preguntas y respuestas: el diálogo socrático

Publicado por María Gómez

Un amigo recurre a nosotros para contarnos un problema. Confía en nuestro criterio y en que le aconsejaremos buscando siempre su bienestar. Anhela que saquemos una varita mágica y le demos unos golpes mágicos certeros, que solucionen ese problema. Pero es que nos empeñamos en equivocarnos: debemos buscar la solución desde nosotros, no a través de lo externo. Bien es verdad que necesitamos que nos guíen, que nos encaminen. En definitiva, que alguien nos ayude a llegar a conclusiones reales y realistas. Y es en este punto en el que el diálogo socrático es el gran protagonista.

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No se trata de ninguna charla en torno a la filosofía antigua que provoque cambios por influjo de un hechizo. Sólo es un intercambio de preguntas y respuestas que por sí mismas, y mediante la reflexión, te conducirán a argumentos más convenientes psicológicamente hablando. Es posible que, de manera inconsciente, tú mismo lo hayas usado, en algún momento con alguna persona, o que hayas sido objeto de su aplicación.

Aunque su finalidad más concreta es la de rebatir creencias irracionales. Sus ventajas y beneficios son extrapoladas a otros campos de la vida cotidiana ya que pretende que la lógica reine activando los mecanismos de reflexión adecuados que canalizarán los pensamientos hacia las conclusiones pertinentes, llegando a modificar las conductas como efecto más extremo de. Por tanto, se trata de un método en el cual el paciente tiene un papel activo a lo largo de todo el proceso.

Sin embargo, es el terapeuta el que refuerza de algún modo las verbalizaciones que se dirigen a cumplir el objetivo terapéutico. La clave reside en profundizar y dirigir las verbalizaciones neutras, es decir, aquellas que no se aproximan ni se alejan con claridad al cumplimiento del objetivo. Debemos ahondar más en ellas, delimitar su trayectoria para encuadrarlas en su lugar. Este proceso proporciona gran consistencia a la intervención y suele derivar en un diálogo socrático exitoso.

Por tanto, nos encontramos ante una técnica cognitiva que actúa a favor del descubrimiento personal, y más allá, del autoconocimento. Descubrimos nuestros errores al pensar, al procesar la información. Tomamos conciencia de nuestras disonancias cognitivas y las remediamos regalándonos una versión más flexible de nosotros mismos.

Normalmente, las áreas de exploración se centran en aspectos tales como:

  • Demostración mediante pruebas reales de la idea disfuncional.
  • Alternativas interpretativas de esas creencias erróneas.
  • Reconocer y analizar los efectos emocionales de mantenerlas.
  • Examinar la trascendencia de las profecías negativas.
  • Precisar las conceptualizaciones ambiguas o confusas.

Nada debe quedar en el tintero. Es labor del profesional no afirmar, sólo guiar mediante preguntas. Deberá estimular al paciente para que enjuicien los pensamientos irracionales y las conductas derivadas de éstos, al tiempo que les busca sustitutos.

A un menor nivel, es una estrategia igualmente válida para aplicaciones pedagógicas y educativas. Tanto en el ámbito escolar como en el familiar, puede ser un recurso y herramienta que sirva para evitar situaciones de imposición u obligación, eliminando, pues, los conflictos y las dificultades derivados de las mismas, los cuales son minimizados al introducir al otro como elemento activo en el proceso de negociación o instrucción.

 

 

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