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El poder de la Reestructuración Cognitiva

Publicado por María Gómez

Cuántas veces te habrás sorprendido pensando que, al no entablar una conversación cuando coincides con personas desconocidas, seguramente creerán que eres aburrido o poco sociable. No has podido basar tu opinión en ningún hecho objetivo, pero ya te estás castigando con calificativos que te hacen sentir decaído y te frenan todavía más para poder iniciar el contacto.

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Las buenas noticias llegan en forma de técnica cognitiva llamada Reestructuración Cognitiva (RC). Con ellla conseguirás que tus patrones de pensamientos automáticos en situaciones que porducen ansiedad o esatrés se modifiquen mediante la discusión de los mismos. Ahora bien, ponte en manos de un buen profesional experto q esta técnica, difícil de aplicar, que requiere mucha práctica, un conocimiento profundo del trastorno a tratar. El psicólogo que lleva a cabo este tipo de discusiones ha de ser creativo y mentalmente ágil para que las interacciones con el paciente sean naturales y provechosas. No existe un protocolo de actuación definido porque cada paciente acude con una problemática distinta que repercutirá en la aplicación de procesos diferentes y oportunos.

La clave del éxito de esta técnica reside en su capacidad para sustituir esos pensamientos desadaptativos por creencias o ideas racionales y razonadas. Como consecuencia, disminuirá automáticamente la perturbación emocional que causaban los primeros. La dialéctica no se centra en que el terapeuta proporcione los pensamientos adecuados, sino que le formula preguntas al paciente cuyas respuestas conduzcan al paciente a conclusiones que desmientan o confirmen las hipótesis iniciales. Es, sin duda, un reto interesante, cuanto menos.

No obstante, el propio desarrollo de la técnica requiere del paciente cierta competencia intelectual y de memoria. Estados de ánimo tendentes a depresiones profundas o grandes tristezas tampoco son susceptibles de sacar el máximo rendimiento a la RC.

El paciente ha de recibir cierto entrenamiento antes de penetrar en la discusión. Es preciso que delimite bien los pensamientos automáticos importantes, los identifique, y los registre. Resulta conveniente instruirle en la diferenciación entre pensamientos y emociones de forma que no se entremezclen y confundan. Puesto que los pensamientos negativos limitan bastante la aparición de actitudes proactivas y positivas, el terapeuta habrá de ser paciente y actuar con delicadeza pero con pericia, sobre todo, al inicio de la intervención.

Cada persona organiza y representa la información de una manera particular. Nuestras interpretaciones serán las que determinen nuestras reacciones. El proceso tiende a estar bastante viciado por lo que los mecanismos se activan automáticamente. De ahí que el paciente tenga que hacer un verdadero esfuerzo por modificar las interpretaciones durante la intervención.

La RC puede ser aplicada en diferentes ámbitos como el académico o el deporte, además de para tratar algún trastorno. Su fin, más que justificado, es conseguir mayor bienestar psicológico que repercuta directamente en nuestras conductas, siendo éstas un reflejo de aquél. No existe mayor liberación que expresar con naturalidad los sentimientos, comunicarlos, incluso a sí mismo, y dejando que aflore la emoción subyacente, sin autocrítica ni temor, para poder, a partir de esa base, desechar todo aquella basura psicológica que oscurece nuestro entendimiento.

 

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