Psicología

Dejar al niño

Publicado por Betina Ganim

Hace un tiempo que en el campo del psicoanálisis se está hablando mucho de la familia, de las patologías del lazo familiar, y de las patologías de la identificación, y se tratan problemas tales como las inquietudes de las madres que trabajan, que están poco tiempo con sus hijos, etc. Y lo que se constata ahí es una complicación que puntuaba J-A Miller: que los trastornos en el caso de la relación madre-hija se producen más bien por presencia que por ausencia…

Confetti fun!

Podemos oponer esto a los trastornos producidos por la ausencia paterna, aunque sea a nivel del complejo, como decía Lacan. Pero hay un planteo que hay que tomarlo en serio respecto de esa angustia de las madres por no estar con sus hijos.

J-A Miller dice que es mejor que estén en otra cosa, porque en general, por lo que conocemos en Psicoanálisis, si la madre está con el niño, nada bueno se puede esperar de ahí; Y esto hay que leerlo desde el punto de vista de «estar en exceso», o «estar a solas»…

Pero hay algo más allá, algo que Lacan va a tomar para ir virando hacia otro lugar, en el camino de pensar la cuestión del deseo del analista. Porque como vimos en la entrada anterior, podemos seguir pasos coincidentes con la función paterna, o sea que todavía no vemos donde está la particularidad del deseo del analista,

Un punto a tener en cuenta es que efectivamente esta angustia en la madre, por su ausencia, es una angustia que rara vez las madres pueden fundamentar, como decir «no te preocupes, que se las arregle, que se haga hombrecito»; pero está descripta, hay una angustia de la madre que quiere decir esto, que tampoco tiene garantías de estructura, no es un hecho de estructura que ese sujeto se ubique como sujeto de deseo. No es un hecho estructural tampoco que se ubique en el deseo como sujeto y que no perezca como un resto, es decir, que no se caiga…


Es decir, es difícil de diferenciar, eso lo podemos observar -para dar un ejemplo más- los primeros días de clase en el jardín donde tenemos toda una clínica del ‘dejarlo’, ‘dejar al niño’. Otra cuando lo dejan en un cumpleaños de algún compañerito, y la otra madre o el padre dice ‘déjalo, déjalo’ y ahí se puede ver en la madre los signos de angustia, y en el niño también… La madre piensa ahí «si lo dejo y se queda ahí llorando, como un resto, eso no lo voy a soportar».

Pero ¿en qué se fundamenta esa intuición? en una angustia añeja. Para no decir ‘déjalo, déjalo, está bien, vete ya, si la madre desea otra cosa…’. Es ahí que hay un punto más que es un punto que tiene una verdad también de estructura y que es que no hay garantías de que ese sujeto se coloque como deseante en el deseo.

Y si se queda en el cumpleaños del amiguito y jugó muy bien, etc., cuando vuelve la madre le pregunta a la otra ‘¿y? ¿cómo estuvo?’, a lo que le responde: ‘Se quedó tranquilo aquí, hizo esto, aquello…’
Es que para otra madre estaba esa angustia y entre ellas se pueden comentar eso; pero lo que enseña esta pequeña observación clínica es el alivio y la conquista en esa aventura, que implica digamos el haber ubicado a un sujeto en el deseo.

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