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El Estadio del Espejo, el yo y el sujeto

Publicado por Betina Ganim

Con la enseñanza de Lacan y su proposición fundacional de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, y su noción de Sujeto como sujeto del inconsciente, (aquel al que nos dirigimos en psicoanálisis) el yo y su sombra quedan en otro registro, un registro imaginario, relacionándose dialécticamente en un “sin salida”.

Pero si hablamos del yo, hay que decir que éste en su constitución es imaginario: se funda en relación a la imagen que le devuelve el otro. Y Lacan mismo dice que entra al psicoanálisis con el Estadio del Espejo y el yo.

Podemos así decir que el Estadio del Espejo es la primer teoría del psicoanálisis que Lacan desarrolla. Él hace una lectura de esta experiencia psicológica y extrae una enseñanza para dar cuenta de la formación del yo y de la constitución del sujeto.

¿Cómo es que se da esta entrada de Lacan -psiquiatra- al psicoanálisis, partiendo de una experiencia de psicología comparada?

El Estadio del Espejo fue presentado por Lacan en 1936, en el Congreso de Marienband; una ponencia que puede considerarse la primera que hizo Lacan (siendo psiquiatra) en el campo del psicoanálisis. Esta intervención no trataba sobre un tema psicoanalítico específicamente, sino que abordaba una observación comportamental basada en la descripción de una experiencia de psicología comparada que estaba basada en la etología (psicologíaanimal) y la fisiología humana. Lo que conocemos como Estadio o Fase del Espejo.

Pero es recién en 1949 que presenta formalmente al Estadío del Espejo en un Congreso, con el título “El estadio del espejo como formador de la función del yo(Je) tal como nos es revelada en la experiencia psicoanalítica”.

En ese encuentro internacional, Lacan recuerda su intervención de Marienbad, en el ‘36, y la reformula de alguna manera desde lo que esta experiencia del Estadío del Espejo aporta sobre el yo; sobre la formación del yo en la experiencia que nos aporta el psicoanálisis.

¿De qué se trata el Estadio del Espejo? Podemos resumir esta experiencia en el interés lúdico que produce en el niño su imagen especular; un fenómeno que se sitúa aproximadamente entre los 6 y los 18 meses. Este es un rasgo mediante el cual el niño se diferencia del animal, ya que el niño reconoce su imagen y se interesa en ella, le produce cierto placer esta imagen que le devuelve el espejo. Un hecho que es ampliamente observable en la conducta del niño.

Dice Lacan en su texto de 1949 respecto de dicho observable, que ese acto, lejos de reducirse -como en el mono- en el control de la imagen, “rebota” instantáneamente en el niño, provocándole ese “júbilo” del que nos habla Lacan; eso provoca ese “placer” particular del que somos testigos cuando el niño se “emociona” ante su imagen.

Lacan le ha dado una importancia primordial a este estadio, pero no por su cuestión “evolutiva” en el desarrollo del niño, sino que se pregunta cómo puede ser que siendo el niño “prematuro” en relación a la completitud de la imagen que le devuelve el espejo, igual se reconozca y juegue con ella.

Para explicar tal “interés particular” del niño por la imagen, J. Lacan recurrió a la “teoría de fetalización” de Louis Bolk; un anatomista cuya tesis rezaba que el lactante humano es de hecho, desde el origen, en su nacimiento, un prematuro, fisiológicamente inacabado. Es por ello que está en una situación constitutiva de desamparo (en tanto experimenta una discordancia intraorgánica)

Lo que le interesa a Lacan es que esa imagen es indudablemente la suya, pero al mismo tiempo es la de otro, puesto que él está en déficit respecto de ella, es decir, inacabado.

Es por este intervalo, por esta anticipación, que la imagen, de hecho, lo captura y que se identifica a ella.

Esto llevó a Lacan a la idea de que la alienación imaginaria, es decir, el hecho de identificarse a la imagen de otro, es constitutiva del yo en el hombre, y que el desarrollo del ser humano está marcado por identificaciones ideales.

Ahora bien, lo que introduce Lacan en lo que llamamos su enseñanza propiamente dicha, es que para salir de esta identificación primaria con su imagen y con el otro, hace falta un elemento tercero que él llamará lo simbólico (el Otro con mayúsculas que determinará de alguna manera esas identificaciones imaginarias) donde se constituye el Sujeto. Digamos, que en esa situación especular con la imagen, haya Otro en la escena que intervenga, desde donde, de algún modo, se medirá esa distancia entre el yo y el yo ideal de la imagen.

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