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El espacio urbano y la psicología ambiental

Publicado por María Gómez

Aunque se trata de un campo un tanto desconocido y relativamente nuevo dentro de la psicología,  resulta interesante ahondar sobre cómo se genera, se desarrolla y se mantiene la identidad social teniendo en relación a los factores de tipo ambiental y los contextos físicos.

Así, existen diferentes categorías bajo las cuales una persona se identifica con un grupo al tiempo que se diferencia de otros. A nivel territorial, en ámbitos urbanos, existes ciertos límites que marcan claramente las diferencias entre grupos tanto a nivel físico como simbólico. Esto es, un grupo organizado de jóvenes con marcada identidad nunca osará cruzar los límites marcados, a no ser que esté buscando conflicto expresamente.

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En el plano psicosocial, cuando un individuo decide «afiliarse» a un grupo urbano concreto, acepta y asume todas las idiosincrasias propias del mismo y claramente diferenciadas de otros. Por ejmeplo, si una persona adopta la cultura «siniestra» como propia, sólo con su aspecto externo estará transmitiendo los principios propios de este movimiento, dejando clara su opción.

De igual manera, una zona urbana señalada por su situación concreta, se diferencia de otras zonas por la naturaleza de las relaciones e interacciones de sus habitantes, por el nivel socioeconómico o en función del nivel de vida que expresa. Es el caso de la diferenciación de barrios y zonas de cualquier ciudad mundial, en las que están claramente diferenciadas estas zonas más favorecidas de las más desfavorecidas.

La esfera temporal se refiere a la continuidad de un grupo en el tiempo debido a una evolución determinada y a un entorno concreto. Éste aspecto también es diferenciador y provoca que la identidad social se fortalezca en detrimento de otras realidades.

El sentimiento de identidad y de pertenencia a un grupo también lleva asociados unos comportamientos concretos. Estos hábitos conductuales son interiorizados por los miembros del grupo y por tanto se perpetúan y se repiten intergeneracionalmente.

Socialmente, la comunidad a la que cada sujeto se vincula marca la realidad individual y grupal y contribuye a crear la identidad.

El aspecto ideológico impregna el contexto espacial ya que en él se expresan sus habitantes conformando la cultura local.

Nos estamos refiriendo a los «barrios» o «vecindarios»  que han de ser percibidos como un exponente paradigmático en el que se elaboran y se comparten los aspectos simbólicos que se adjudican a ese espacio.

Puesto que nos referimos a un componente espacial, también serán tenidos en cuenta los elementos físicos y estructurales que perfilen ese espacio ya que darán cuenta de la imagen que proyecta, y por tanto, también será valorado como prototipo de tal o cual estrato social. Por consiguiente, es notorio que en los barrios con bellos edificios, donde se cuida al máximo la limpieza y la imagen del entorno, encontraremos personas que transmiten un determinado modo de vida y de vivir, mientras que cuatro calles más abajo, al apreciar edificios y calles descuidadas seguramente sus habitantes difieran de los primeros en varios aspectos.

Queda patente, pues, que las características del entorno influyen en la construcción a nivel cognitivo de esta parte de la identidad personal.

 

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