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Las vías del rechazo

Publicado por María Gómez

A nadie le gusta sentir el rechazo pero es una realidad el hecho de que la vida da para más de uno. Por tanto, lo mejor es que conozcamos algunos recursos que nos ayudarán a sobrellevar estos episodios vividos como algo desagradable.

Con el fin de evitar que nuestra autoestima sufra las consecuencias de un rechazo ya sea social, amoroso o de cualquier tipo, la primera estrategia que debemos adoptar es recurrir a una persona de total confianza que nos brindará protección y apoyo. Verbalizar la situación y sentirnos comprendidos ayuda a minimizar los efectos dañinos, y si le ponemos un poco de sentido del humor, el suceso pasará de largo en poco tiempo.

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Si la situación nos sobrepasa demasiado y pensamos que no estamos preparados para hacerle frente, el instinto nos indicará que lo mejor que podemos hacer es emprender una huída. Evitar, en la medida de lo posible, contacto con las personas que nos rechazan para preservar nuestro equilibrio mental.

En el otro extremo, se halla la táctica del enfrentamiento. La indignación que nos produce el rechazo nos da impulso para enfrentarnos a la circunstancia y poder atajarla de cara al futuro.

Es muy habitual que ante tal coyuntura y por carecer de habilidades que nos permitan gestionarla en nuestro beneficio, la persona se vea abocada a resistir pasivamente interponiendo un escudo imaginario que protege tanto a nivel corporal como emocional para disminuir el daño que pueda causar.

Si nuestra motivación es apaciguar al otro o no decepcionarle, entonces seguramente haremos lo que nos pida o lo que pensamos que le agradará aun yendo en contra de nuestra naturaleza. La sumisión se torno otro modo de evitar el rechazo. Aceptar los descalificativos, las críticas o los desaires dificulta que haya enfrentamiento entre las partes.

La mejor manera de afrontar un rechazo se basa en modificar los pensamientos asociados al hecho de ser rechazado mediante la elaboración de nuevos patrones. Realizar una autocrítica destructiva sólo es un reflejo de lo que creemos que los otros nos pueden reprochar. Así, es conveniente realizar una análisis de nuestra estrategia adoptada posterior al rechazo y valorar si fue la más adaptativa teniendo en cuenta el conjunto de las características situacionales. Además, es necesario aceptar los sentimientos y emociones derivados de la situación de un modo compasivo y ser más indulgentes con nosotros mismos.

Empecemos de una vez por todas a ser nosotros mismos de un modo puro y genuino sin la obligación de tener que cambiar constantemente para ser aceptados en todos los ambientes en los que nos movemos.

El desafío de aceptar un rechazo es un acto de valentía que fortalecerá nuestro autoconcepto porque nos reconoceremos tal y como somos. Simultáneamente, nos sentiremos más libres porque asumiremos como naturales los sentimientos que nos produce una amenaza de este tipo por lo que la intensidad de los mismos será sustancialmente menor. Por último, echemos mano de la compasión, tan denostada en las sociedades actuales. Una actitud compasiva con nosotros mismos y para con los demás nos humaniza.

 

 

 

 

 

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