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Quiero comunicar, pero ¿comunico?

Publicado por María Gómez

Qué difícil resulta a veces comunicarnos. Y, sin embargo, qué fácil es en numerosas ocasiones. Seguro que te has preguntado alguna vez por qué te resulta borrascoso transmitir con precisión ese pensamiento tan claro que tienes en tu cabeza. No encuentras palabras para expresar esa emoción o sentimiento. Lo más seguro es que necesites trabajar esta habilidad para mejorarla y quedarte satisfecho cuando elabores cualquier discurso porque te asegurarás de trasladar la información que pretendías. No sufras en soledad, todos experimentamos la necesidad de comunicarnos de eficazmente en cualquier ámbito de la vida.

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Bien, pues la comunicación es intrínsecamente bidireccional, como mínimo. Apela a la necesidad de que alguien reciba nuestro mensaje. Por tanto, nos corresponde tener en cuenta a quién nos dirigimos, adecuando el mensaje cuando sea necesario fomentando acciones que predispongan al otro a optar por una respuesta positiva hacia nosotros.

Siempre que sea posible, practica la asertividad, una actitud a medio camino entre la expresión agresiva y la inhibición. A la vista está, que esto no siempre es posible y que, frecuentemente, nos hallamos inmersos en problemas comunicativos que no sabemos resolver. Intentaremos, pues, esclarecer algunas dudas.

Cuando iniciamos el acto comunicativo, tendemos a centrarnos en nosotros, en lo que queremos decir y expresar, olvidándonos de nuestro receptor. Este es un gran impedimento para una comunicación efectiva y eficiente. Además, son tres los factores que participan en esta ruptura de la conexión y que están directamente relacionados con el estilo comunicativo y los estados emocionales:

  • No conocernos lo suficiente.
  • No conocer lo suficiente a nuestro interlocutor.
  • Mantener una actitud defectuosa para conseguir la recepción de nuestro mensaje.

El manejo de estos factores debe ser simultáneo para sellar fisuras comunicativas. Así pues, preocúpate por descubrir el perfil del otro y por acercarte a él como semejante promoviendo la capacidad de discernir qué es oportuno o no decir en un momento dado.

Son constantes las situaciones en las que, siendo portadores de la verdad, se rompe la comunicación por no haber seleccionado las formas correctas de lenguaje verbal y/o no verbal. A toro pasado, sientes rabia por no haber sabido aplicar las estrategias oportunas. Trabaja esta debilidad y sacarás más partido a tus interacciones. Te será de gran ayuda anotar las situaciones en las que se han dado fallos en este sentido, plantear las modificaciones pertinentes y ponerlas en práctica en cuanto se presente la ocasión.

La vida nos sobrecarga de emociones que no solemos canalizar correctamente. Uno de los efectos que aguarda es volcar toda esa tensión sobre el otro. En el momento que la impulsividad rige la comunicación, simplemente, provocamos al otro, normalmente, en sentido negativo. Imagina si el receptor reacciona de la misma manera. Entonces el conflicto está asegurado.

No permitas que los prejuicios hacia algunos tipos de personas filtren tus actos comunicativos, perderás la ocasión de adquirir enseñanzas que te enriquecerán de algún modo.

En suma, asume que la comunicación es de naturaleza dinámica. Por ello, te emplazamos a ejercitar tu capacidad de observación para intentar entender al otro y poder adaptarte a sus condiciones. La gran revelación es que saber comunicar se aprende, se ejercita, y se perfecciona. Merece la pena el esfuerzo, los frutos brotan desde el primer intento.

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