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Melancolía

Publicado por Betina Ganim

Una de las patologías más frecuentes de encontrar en los ámbitos hospitalarios es la melancolía sin delirio, que adquiere también otros nombres tales como la «melancolía simple», «melancolía con conciencia» o «hipocondría moral».

La melancolía simple o conciente se entiende como una psiconeurosis que además de contemplar síntomas físicos predominantes, psíquicamente es una afección de la que existen algunas consideraciones generales:

1) Se produce un estado cenestésico penoso
2) Se modifica el ejercicio de las operaciones intelectuales
3) Hay un trastorno mórbido de la sensibilidad moral, expresado en un estado de depresión dolorosa.

Estos tres aspectos podemos considerarlos como síntomas fundamentales, a los cuales les podemos añadir aquellos trastornos delirantes que con son efectos directos de aquellos; es decir, secundarios a los síntomas fundamentales.

Cuando se constata la existencia de delirios, nos permite diferenciar la melancolía simple de la llamada «melancolía delirante».

Es decir que los síntomas fundamentales anteriormente enumerados ya son suficientes para hablar de una melancolía; por sí solos ya constituyen la enfermedad como tal. ES así que si existen delirios, tendrán que ser secundarios a dichos síntomas para que podamos hablar de «melancolía delirante».

Los diferentes elementos que constituyen la melancolía simple, a juzgar por la descripción en la que coinciden diversos autores, son:
– un estado emocional de dolor moral, sin motivación suficiente o totalmente inmotivado; y
– los trastornos en el ejercicio intelectual («detención psíquica»)

Pero con lo que no están todos de acuerdo es sobre la relación que existe entre ambos síntomas.

La opinión más general es que la detención psíquica se produce por la existencia de ese dolor moral.

Otros opinan que el dolor moral es secundario; en tanto efecto de la conciencia de las modificaciones que se producen en el ejercicio de la actividad intelectual.

Esta última parece ser la que más coincide con la verificación clínica, experimental y psicológica.

El dolor moral lo podemos ver al comienzo de este estado de melancolía, como un vago sentimiento de tristeza o abatimiento, incluso como ansiedad o inquietud. Es un sentimiento que el paciente suele transmitir de forma espontánea, al decir que se siente deprimido, triste, indiferente, apesadumbrado, sin poder actuar, o vagamente inquieto.

Si bien desde la psiquiatría clásica se ha entendido estos síntomas como «neuralgia psíquica», la explicación resulta insuficiente; porque en lo que atañe a las patologías mentales, abordarlas a partir del cerebro, o del sistema nervioso únicamente, no alcanza.

Si se aborda la mlenacolía como una psiconeurosis, para entender algo del origen del dolor moral manifestado por los pacientes afectados, hay que considerar no solamente el sistema nervioso, sino todas las funciones del organismo.

Está comprobado que en la melancolía todo el organismo está afectado, en tanto las funciones habituales, languidecen desde el comienzo de la enfermedad.

En cuanto a la causa, más allá de las causas comunes a las diferentes afecciones mentales, hay algunas que parecen más constantes en la etiología de la melancolía. Parecen ser de naturaleza deprimente tanto en lo físico como en lo moral, y determinan, por su acción repetida, perturbadora o prolongada, un estado de debilidad general, de agotamiento, que sitúa el comienzo y que constituye una parte integrante de la enfermedad.

La primera causa del dolor moral, incluso podría pensarse que la principal, es el malestar psíquico, el que luego se conecta con el organismo y con operaciones del pensamiento.

Es de allí, de los trastornos cenestésicos, que derivan los primeros trastornos intelectuales constatados en los pacientes melancólicos.

FUENTE: SÈGLAS, J – G.LANTERI-LAURA – GROS, M.»Melancolía y dolor moral»

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