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Ellos y ellas

Publicado por Betina Ganim

En el artículo anterior les hablé, en relación al estrago, de esa pareja madre-hija, de esa relación que puede ser estragante si la hija espera de la madre una solución a la feminidad, sin pasar por el significante fálico.

Esta vez, siguiendo a Graciela Brodsky en su desarrollo, tomaremos el estrago cuando se trata de una relación entre el hombre y la mujer.

Porque Lacan mismo sitúa 4 años después, que si para el hombre la mujer es su síntoma, para la mujer el hombre, la relación con el hombre puede ser un estrago.

Freud ya había ubicado el pasaje que se produce con el penisneid y la reivindicación fálica de la mujer, un pasaje que va de la madre al marido. Allí mismo es donde Freud hace la recomendación de que la mujer se case dos veces, así en el primer matrimonio puede descargar toda esa queja y luego con el segundo marido poder tener una relación sin tantos reproches…

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También en posts anteriroes, que invito a revisar, les transmití la teoría de Miller respecto de las parejas que se desprenden de la enseñanza de Lacan, en su recorrido.

No se necesita llegar a la última enseñanza de Lacan para hallar las variedades sintomáticas del parteneire.

Freud en 1914, en Introducción al Narcisismo, nos da dos modelos de la relación con un partenaire: en una amamos en el Otro lo que somos, es decir, la elección narcisista. Y la otra, la anaclítica, que es aquel modo de amar en el otro lo que nos da.

Lacan en el Seminario 4, las Relaciones de Objeto (1956-1957) ya decía que hay una diferencia entre le partenaire de la demanda, y el partenaire del amor. El primero se pone en juego en la frustración, en tanto ese Otro es el que puede darlo o negarlo. Es incondicional en ese sentido. Y el partenaire del amor en el que se juega el don, el don de amor, dar lo que no se tiene.

Un modo de pensar el amor en el registro simbólico: se pide un significante, no un objeto.

Ya con Freud encontramos esa duplicidad entre el amor y el deseo, en esa degradación de la vida amorosa en el hombre -de la que también he transmitido en este blog.

La novedad en Lacan, que la encontramos en 1958, en su texto «Ideas directivas para un Congreso sobre sexualidad femenina» es que esa duplicidad también existe en las mujeres. Ellas necesitan un hombre para desear, y otro para amar, que pueden conjugarse en un mismo hombre, claro, lo que no significa que eso las haga menos infieles…

Un hombre para amar, es decir, un hombre castrado, que muestra su castración.

Y un hombre del deseo; la condición de su deseo, es que sea portador del falo, que esté bien parado, digamos…

Respecto de esa «falta en el tener» la vemos de los dos lados: del hombre, la «mujer pobre» ejerce un atractivo interesante, que se verifica en que cuando una mujer está muy del lado del «tener», cuando se presenta con un semblante muy fálico en relación al «tener, eso suele inhibir a los hombres y dificultar aun más el encuentro…

He aquí la primera de las grandes teorías del partenaire: el falo.

Pero bien, suele decirse que el síntoma suple la relación sexual que no existe, es ciero, pero desde la pareja narciscista, la anaclítica, la del amor, la del deseo, la del falo, la del fantasma, todas tienen una función, cada una asu manera.

Lo nuevo que agrega este sintagma «partenaire-síntoma» es la dimensión del cuerpo y del goce que pone un muro entre hombres y mujeres.

Con las fórmulas de la sexuación que propone Lacan se puede entender cómo un hombre puede resultar estragante para una mujer.

En estas fórmulas de la sexuación leemos un goce ilimitado del lado de ella que hace que un hombre para una mujer funcione a veces como límite; pero también puede ser un estrago, porque ante un fracaso amoroso ella queda desbordada, sin límites, y de ahí todas las «locuras» de las que tenemos noticias en la clínica…

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