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Autovalidación, ¿qué es?

Publicado por Lic. Maria V.

Últimamente escuchamos muchos términos de este tipo: autovaloración, autoestima, autovalidación, autoconfianza, autocuidado. ¿Por qué y para qué tantos y en qué medida nos pueden servir?

Esta terminología indica el desarrollo de ejercer ciertas cuestiones entorno a uno/a mismo/a. Pero a veces el énfasis en el prefijo «auto-» nos hace creer que son todos procesos que la persona hace sola y de manera aislada.

Todos estos procesos se habilitan a partir de vínculos. Vínculos saludables o terapéuticos que permiten que este tipo de procesos tengan lugar.

Los individuos vivimos y estamos en constante intercambio con el entorno. Poder validarse es el resultado de un trabajo que se construye a partir de ese intercambio.

¿Qué es validarse? Si nos atenemos a la palabra sería aceptar la Validez propia, reconocerse válido/a.

¿Y qué significa Válido/a? Como adjetivo, se define como: «Firmeza, exactitud o legalidad.» Y como sustantivo su definición es: «(persona) que puede valerse por sí misma.»

Observando estas dos acepciones podemos pensar que algo válido tiene relación con cierta legalidad y a la vez con la autonomía. Según esta perspectiva nos reconocemos válidos cuando podemos autorizarnos, sentirnos habilitados en nuestro hacer, en nuestras emociones y pensamientos. Y tiene relación con la autonomía en tanto reconocemos que somos capaces de asumir responsabilidades y acciones por nuestra propia cuenta.

Cuando hay dificultades en la valoración propia es frecuente que no se pueda reconocer el valor del propio tiempo, del trabajo o del esfuerzo. Que se presenten dudas a la hora de iniciar proyectos personales y que estas dudas lleven a inhibir la acción. Es frecuente también que se minimicen los logros y que resulte difícil asumir una postura auténtica y firme respecto a lo que se desea, se piensa o se siente.

La autorización y habilitación son las que permiten el reconocimiento de las capacidades y posibilidades de ejercer la función que se desee. Es la visibilización de la propia dignidad, del derecho a la elección y al ejercicio del propio deseo.

Para validarse es necesario haber experimentado o experimentar el reconocimiento y la validación por parte de un otro/a. Por eso decimos que se construye en vínculo. Es como el primer anclaje a partir del cual la persona puede afianzarse y reconocer su propio potencial.

Cuando a lo largo del desarrollo se experimentó desvalorización, falta de confianza o menoscabo por parte de los progenitores o cuidadores, es entendible que el afianzamiento en este sentido se vea deteriorado. Incluso aunque no haya sido explícito.

La falta de atención o de interés, las preocupaciones que evaden a los padres de las demandas infantiles son un buen ejemplo de esto si se suceden de manera recurrente.

La inseguridad o falta de valoración propia por parte de los padres también puede ser transferida a lo/as hijo/as. O muchas veces resultan ser estos últimos depositarios de excesivas expectativas o reconocimientos como modo de enmendar la inseguridad parental. En uno u otro caso se dificulta el proceso saludable en este sentido.

Lo dicho anteriormente tiene el objetivo de desarmar enfoques demasiado simplistas sobre este tema.  La autovalidación se construye a partir de un trabajo profundo sobre la propia historia y el propio material inconsciente que va permitiendo gradualmente un mayor afianzamiento y autonomía.