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Capacidad de asombro y salud mental.

Publicado por Lic. Maria V.

El asombro es una capacidad que está presente desde edades muy tempranas. Tiene relación con el descubrimiento, con la emergencia de lo distinto, y de lo nuevo.

El juego y el hacer creativo nos ponen en contacto con el asombro. Son terrenos de exploración, de descubrimiento y de creación de nuevas realidades. Mediante la interconexión de elementos diversos, que se tensionan, se separan y se integran, producimos nuevos objetos y sentidos.

El asombro está asociado en algún punto a la esperanza. Es una reacción de expectativa esperanzada ante la posibilidad de lo nuevo, de lo posible, y de lo distinto. Podemos considerar al asombro como el antítesis del escepticismo. Este último descree de todo, no se permite movilización ni ilusión alguna. Incluso ante el surgimiento de algo maravilloso, el escepticismo levanta una ceja.

El asombro es un apuesta hacia el cambio. Es una posición que implica cierta humildad e inocencia, que celebra aquello que adviene y rompe el hábito.

La mente racional pretende encontrar explicación a todo. Categoriza, analiza, sistematiza los pros, los contras de cada situación. Lo diferente, el resultado no esperado, desafía los límites de la racionalidad. Como se opone a lo ya conocido, desestabiliza y puede generar angustia y temor.

Permitirse el asombro es arriesgarse a salir de una posición de control que pretende convencerse de que todo puede ser sabido de antemano. Si el control y el estado de alerta son excesivos, el asombro no tiene lugar. Y la emergencia de lo distinto probablemente sea rechazada, ignorada o cuestionada.

El asombro está presente en el famoso Fort-da freudiano, donde el niño experimenta el júbilo ante el reencuentro de lo que creía perdido. De ahí en más su repetición.

El descubrimiento de que tirando del piolín el juguete volvía a aparecer ante sus ojos, además de ser símbolo de capacidad de espera y de separación, implica el asombro ante el resultado de la propia intervención, que representa la posibilidad de separación del otro.

Y esto es paradigmático en algún punto del acto lúdico y creativo que nos muestra que podemos hacer algo para cambiar, que nuestra intervención produce un resultado y que para hallarlo no necesariamente debemos depender exclusivamente de la voluntad del entorno.

En el juego, y en el hacer creativo, nos asombramos ante lo que logramos, nos enfrentamos ante las propias construcciones, creaciones, e ideas, teniendo muchas veces que tolerar y sostener sensaciones de extrañeza o pérdida de identidad ante lo que ese producto muchas veces nos devuelve. 

Jugar y crear son modos de disponernos al asombro. Y esto tiene mucha relación con la salud mental, en tanto nos ofrece la flexibilidad, la aceptación del cambio, que se opone a la neurosis, donde el movimiento y el cambio están precisamente frenados e imposibilitados.

El transcurrir por la vida tiene mucho de aceptación de la diferencia, en tanto no podemos controlarlo ni programarlo todo. Si esa cuota de incertidumbre es tolerada, podremos disponernos al recorrido con proyectos y deseos que en cierto modo serán sostenidos, en lugar de coartados permanentemente. Y el asombro es esa capacidad de encuentro con aquello que no esperábamos.

Poder asombrarnos es un rasgo de salud en tanto nos permite confrontamos con lo inédito sin desarmarnos, sin sentir que esa emergencia de lo nuevo nos destruye. Sostenerla abre un campo de posibilidades, que nos ubica en posición transformadora. 

 

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