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¿Cómo trabajar la autocensura?

Publicado por Lic. Maria V.

Dentro de nuestra constitución psíquica tenemos, en mayor o menor grado, una suerte de Censor interno que nos dice lo que tenemos que hacer y lo que no, nos corrige errores y nos exige superación.

En algunas personas este Censor es más fuerte que en otras. El deber y la noción de cumplimiento pueden llegar a ser tan poderosas que limitan notablemente la capacidad creativa y de acción de esa persona.

Desde el Psicoanálisis nombramos a ese Censor como Superyó. Es una instancia dentro del psiquismo encargada de controlar, exigir y comandar órdenes al Yo, para que renuncie a las satisfacción de sus impulsos (representados por el Ello).

Si no existiera un Censor o Superyó nuestra vida sería intensamente caótica e impulsiva (como ocurre en muchos cuadros psicopatológicos). El Censor es importantísimo en el desarrollo y la constitución psíquica, pero muchas veces su excesiva e inflexible presencia limita al Yo significativamente impidiéndole disfrutar y desplegar sus potencialidades.

Conectarse con aspectos creativos, lúdicos y espontáneos nos habilita a explorar ese territorio que se corre por un momento de las reglas, las normas y el «deber ser» que la autocensura comanda. Desarrollar estos espacios de juego y experimentación nos permiten concientizar aspectos propios que tal vez permanecían ocultos.

Nos posibilita, a la vez, trabajar la autoestima y las resistencias que nos frenan en el camino que querríamos emprender.

La autocensura, cuando es muy fuerte, impide el reconocimiento del deseo propio. Lo que queremos o disfrutamos está tan cubierto por lo que debemos, que termina asfixiándolo, dejándolo invisible o sin participación.

Cuando hablamos de Bienestar y Salud Mental nos referimos en gran medida a la capacidad de conexión con el deseo y con partes auténticas de nosotros mismos, permitiendo su despliegue independientemente del juicio o valoración externa o social (que es representada en el psiquismo por el Superyó).

Un nivel de autocensura alto puede incluso llegar a manifestarse como autoboicot, destruyendo todo intento de progresar o desplegar aspectos propios, restringiendo al individuo a cumplir con demandas y mandatos de forma incesante.

Esto es sumamente frecuente, por ejemplo, en casos en los que se desarrolla una ocupación o profesión solamente por ser herencia familiar. O en casos en que los hijos terminan eligiendo carreras abandonadas o no realizadas por sus padres. En estas situaciones se manifiesta, conciente o inconcientemente, la transmisión de un mandato que arrasa con la subjetividad de los hijos. 

En este tipo de casos o en todo aquel contexto en que se invisibilicen o anulen los deseos o motivaciones propias en pos de un cumplimiento, podemos hablar de un alto nivel de autocensura que sería recomendable trabajar.

Como dijimos anteriormente, cierto grado de represión y censura son necesarios para poder regular los impulsos y poder desarrollarnos en convivencia con otros. La vida requiere de esta regulación que hace el Yo de sus impulsos, a través de las demandas del Superyó. El problema se origina cuando estas censuras arrasan al Yo, lo limitan, o incluso lo paralizan, convirtiéndolo en un individuo obediente, sin conexión alguna con sus deseos y potencialidades creativas.

Es esperable que en los casos en que esto suceda, y frente a la frustración, agotamiento y sufrimiento que pueden emerger en esta posición, se inicie un trabajo que le permita al sujeto disminuir su autocensura para poder elegir y construir su recorrido con mayor libertad.