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Conductas evitativas: ¿Cómo son y a qué se deben?

Publicado por Lic. Maria V.

Las conductas evitativas son un modo de respuesta posible (entre otras) ante determinados estímulos que experimentamos en el día a día. Son, como tales, conductas en su mayoría inconscientes e instintivas, porque están asociadas a respuestas que se desarrollaban muy atrás en la evolución. La respuesta de huida frente al peligro se constituye tras largo camino de repetición de esta conducta, la cual servía inicialmente para ponerse a salvo.

En el mundo moderno, sin embargo, ésta se desarrolla en contextos muy distintos. En la mayoría, no hay un peligro considerable, pero el individuo sí lo percibe como tal.

¿Qué consideramos peligroso? La respuesta a esto es sumamente amplia y llena de matices y singularidades. Puede ser peligrosa para alguien una situación grupal, por ejemplo, o el mundo exterior, o una idea que le viene a la mente sin que pueda manejarlo. Las conductas evitativas se pueden poner en juego con intención precisamente de evitar, todo tipo de situaciones que se consideran peligrosas. Y esto depende del individuo en cuestión.

La conducta evitativa busca alejarse del problema, huir, negar, distraerse, cambiar de tema, limitar o restringir casi en su totalidad cualquier nexo con la situación peligrosa. Para verlo en ejemplo podemos pensar en situaciones en las que una persona evita enfrentar el conflicto con uno de sus vínculos, ignorándolo, obviando toda comunicación con él o ella. Una conducta evitativa de este tipo, evade situaciones en las que posiblemente pueda cruzarse con la persona en cuestión, incluso pudiendo llegar a restringir significativamente sus actividades con este fin.

La evitación suele ser un problema, porque suele ampliarse, y, sino se trabaja, las situaciones a evitarse pueden ser cada vez más dejando al individuo muy limitado. Las conductas evitativas se establecen por considerarse, de manera inconciente, que de evitarse la situación se estaría resolviendo el problema, es similar a la negación, un pensamiento de tipo mágico que reza algo así como: «si no lo veo, deja de existir». Sin embargo, sabemos que no funciona así, aquello que intentamos ignorar, tarde o temprano vuelve a aparecer. No hay soluciones mágicas si no nos involucramos y resolvemos el conflicto.

Las conductas evitativas se manifiestan tempranamente y tienen en parte relación con los modos de crianza y las características que se van desarrollando en la infancia. Las fobias están comandadas esencialmente por conductas de evitación, de modo que estas son observables en las fobias infantiles. Los primeros mecanismos defensivos suelen extenderse, de no ser trabajados, a la vida adulta.

De todas maneras, como mencionamos al principio, hay algo general y colectivo en cuanto a los mecanismos de reacción frente al peligro, siendo la evitación uno de los más frecuentes. Mediante la evitación, se busca generar una distancia entre aquello que es disparador del miedo y el individuo. A veces la evitación puede producirse por temor a reaccionar violentamente, de modo que se busca prevenir una reacción temida.

Hay muchos contextos en los cuales se manifiestan estas conductas. Procastinar, no ocuparse de ciertas responsabilidades, dejar de contestar en una conversación conflictiva, ausentarse de determinado contexto luego de un conflicto, o antes aún, responder siempre positivamente para evitar un potencial conflicto, «olvidar» reiteradamente un asunto, etc. U otras más extremas, como evitar espacios cerrados, la cercanía de ciertos animales en particular, que es propio de las fobias.

Concientizar el mecanismo nos permite comprender un poco mejor nuestros mecanismos defensivos, permitiéndonos potencialmente afrontar las situaciones de otro modo.