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Dificultad para confiar: ¿A qué se debe?

Publicado por Lic. Maria V.

La dificultad para confiar en las relaciones es algo muy frecuente, pero, ¿a qué puede deberse?

¿Cómo se construye la confianza en los vínculos, y cuál es el temor detrás de la desconfianza?

Como siempre en Psicología, depende de la persona en particular, de su contexto y de sus características. Hay una desconfianza más bien persecutoria, que puede estar asociada con cuadros de Psicosis, por ejemplo. Y luego tenemos esa desconfianza que observamos más frecuentemente, por lo general de tipo defensiva, que por momentos dificulta la constitución de vínculos.

Los vínculos se construyen y también la confianza. La confianza tiene que ver con la seguridad, con el sentirse respaldado por la contraparte del vínculo. Cuando los lazos son inseguros y no ha habido un antecedente de este tipo de seguridad, es probable que pueda repetirse la falta de confianza de ahí en más en vínculos futuros.

Como hemos hablado en muchos artículos anteriores, vincularse y confiar implica siempre un riesgo, nunca hay certeza de lo que vendrá y de cómo responderán las personas a nuestro alrededor. Por eso, abrirse emocionalmente puede generar temor. Implica una posición de vulnerabilidad, donde nos estamos «jugando» y apostando a ese vínculo y a esa persona. Pero como toda apuesta, puede salir distinto de como pensábamos.

La confianza en otras personas conlleva o más bien permite simultáneamente la confianza en uno/a mismo/a. Las personas logran confiar en sus propias capacidades, si alguna vez se les ha transmitido confianza y seguridad. Es un círculo de retroalimentación.

A veces, y por diversas razones, en los primeros vínculos de amor el afianzamiento de esa confianza no es suficientemente sólida. Recordemos que quienes están en posición de cuidado y en el rol de la crianza tienen sus propios asuntos inconscientes, y posiblemente, cuestiones no resueltas en el vínculo con sus propias figuras ma-parentales. Esto puede generar inseguridades o falta de solidez en la confianza propia y, por ende, esa desconfianza se traslada a sus hijo/as.

La confianza se manifiesta cuando no fue socavada en el pasado. Cuando el niño o niña supo experimentar por un tiempo lo suficientemente largo que lo que esperaba encontrar, estaba. Cierta seguridad y constancia, que va gestando y afianzando esta seguridad inicial.

Si a lo largo del recorrido se ha aprendido que cuando se confió que algo ocurriera, por una razón u otra, no pasaba, se aprende defensivamente luego a no confiar, porque la respuesta ante la confianza no ha sido satisfactoria. Esto se acrecienta aún más en los casos en los que lo/as adulto/as hicieron uso de su poder para traicionar el vínculo. Casos de violencia y abuso están en esta línea.

La traición y las mentiras en la crianza también resquebrajan la confianza. Prometer reiteradamente aquello que no se cumple, o mentirles pensando que no lo notan, va desgastando el pacto de amor fundamental para que ese vínculo se consolide. Si esto se sostiene en el tiempo puede transformarse en un patrón de desconfianza en el futuro.

La confianza se construye, y son experiencias satisfactorias de intercambio las que la posibilitan en vínculos a largo plazo. Confiar implica aceptarse vulnerables, acepta la incertidumbre y la apuesta por un otro al que no controlamos. Es permitirse ser receptivos y vivir la experiencia de lo vincular que nunca puede ser anticipada.

 

 

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