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Intenciones: ¿para qué sirven?

Publicado por Lic. Maria V.

¿Para qué «intencionar»? ¿Cuál es el propósito y hasta qué punto vale la pena hacerlo?

Escuchamos muy frecuentemente esto de establecer intenciones para el nuevo año o para una nueva etapa. A veces esto se hace de manera superflua, o demasiado exigente, perdiéndose de vista el verdadero poder que puede tener.

Se asocia con frecuencia a las intenciones con algo de tipo mágico, que generaría efectos por el sólo hecho de mencionarse. 

El ejercicio de establecer intenciones es un proceso que en realidad nos conecta con nuestros anhelos y nos permite hacernos cargo de ellos. Si no sabemos lo que queremos, ni lo decimos, difícilmente podremos ponernos en movimiento en esa dirección.

Las intenciones nos ayudan a habilitarnos para que eso se pueda desarrollar. Es un punto inicial, una base, que inaugura un nuevo ciclo. Por supuesto puede ocurrir que uno establezca esas intenciones y que después nada ocurra, no solamente porque podemos generar trabas a ese proceso de manera inconsciente, sino también porque intervienen muchos factores, algunos de los cuales no dependen de nosotros.

Sin embargo, el hábito de inaugurar una etapa con una intención crea el espacio previo para que pueda gestarse, habilita una posibilidad. Es interesante poder trabajar las intenciones de manera creativa, elaborándolas, vivenciándolas, teniéndolas presentes de distintas formas y a través de distintos modos de simbolización. Así atraviesan un proceso en el que las habitamos, convivimos con ellas, las apropiamos y las incorporamos a nuestra vida.

Las herramientas arteterapéuticas nos ayudan en este camino de simbolización. Las intenciones pasan entonces por nuestra emocionalidad, se transforman, evolucionan, adoptan distintas formas y transitan por distintos espacios, producto de nuestra propia imaginación. 

Esa intención cobra entonces otra dimensión. Adopta mayor consistencia, se abre paso a través de un personaje, habla a través de frases y diálogos, se muestra con colores propios y movimientos particulares. Es una intención viva, que tiene su propio estatuto.

 

Si escribimos una intención y la dejamos ahí es otra cosa. Puede cumplir su función de todas maneras. Hay personas muy organizadas, que tienden a cumplir con una lista de objetivos anuales fácilmente. Pero este no es el sentido de la intención como símbolo que es lo que estamos desarrollando en este artículo.

La intención como símbolo tiene efectos más profundos, transforma a su paso lo que encuentra, y en el proceso también a nosotros mismos. En ese cambio que se genera con el acto creativo, se movilizan cuestiones internas que nos permiten apropiarnos verdaderamente de ese deseo, o más bien, hacerlo trabajar. Razón por la cual, en ese camino, puede la intención sufrir modificaciones. Y podemos terminar encontrando que nuestro camino es otro del que creíamos.

Plantear las intenciones desde esta flexibilidad es lo que nos permite trabajarlas, transitarlas, iniciar un proceso que permanece abierto y que acepta la posibilidad del cambio. La intención como meta fija y estructurada es complicada porque puede limitar y sesgar mucho. Incluso, transmitirnos la idea de exigencia al sentir que debemos cumplirla. Genera un efecto contrario al que inicialmente se busca.

 

 

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