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La autobiografía como herramienta terapéutica.

Publicado por Lic. Maria V.

¿Por qué y para qué la autobiografía como herramienta terapéutica? La autobiografía es una manera sumamente interesante de explorar el recorrido vivido. A través de ella nos remontamos en el tiempo, nos conectamos con sucesos, personas, hitos significativos de nuestra historia y los sacamos a la luz.

Es una oportunidad de hacer un viaje por la propia vida, las herencias familiares, las elecciones que tomamos, qué eventos nos marcaron, para así poder afirmar de mejor manera la proyección futura.

La autobiografía es el «de donde venimos» que en parte trae en sí misma el gérmen de «hacia donde vamos». Es una herramienta de autoconocimiento muy interesante porque nos ofrece la capacidad de elegir, de seleccionar de entre todo lo que forma parte del propio trayecto vital, aquello que reconocemos como significativo. Esto mismo nos va a ayudar a ver nuestra historia de una manera distinta y también a nosotros mismos.

Escribir sobre la propia vida es adentrarse en las profundidades de la propia existencia. Animarse a indagar en recuerdos, en escenas, tal vez, dolorosas, para poder aceptarlas y elaborarlas. Es el recorrido que que nos va a mostrar qué personas intervinieron positivamente y cuáles nos complicaron el trayecto. Y, además, nos va a confrontar con las propias decisiones y las consecuencias que tuvieron en nuestra vida.

Armar la autobiografía es como iniciar un trabajo terapéutico. Tendremos que ver en qué hacemos foco, qué visibilizamos y qué no. Siempre algo queda por fuera en el relato, y ese filtro que hacemos ya dice mucho de quienes somos. Si además lo llevamos a un contexto terapéutico, la o el terapeuta podrá intervenir visibilizando aquello que no está presente o aportando desde su lugar externo.

El relato autobiográfico es un mapa que en cierto modo nos dice: «Fue por acá» Y nos da muchas herramientas para entender lo que ahora es y, probablemente, lo que podrá ser en un futuro.

El mismo ejercicio de pensar por dónde empezar, qué contar y qué no ya es terapéutico en sí mismo. Nos vuelve investigadores de nuestra propia historia. Probablemente empecemos a preguntarnos qué hacíamos en tal o cual año, con quien nos rodeábamos, qué era importante para nosotros en ese momento.

Escribir la autobiografía despierta el deseo de indagar sobre lo que pasó. Ver fotos, repensar vínculos, volver a reencontrar lo que fue difícil y de qué manera se resolvió o se sobrellevó.

Nos permite precisamente visualizarnos en otras circunstancias, mostrándonos herramientas que en su momento desplegamos y que quizás no recordábamos tener al alcance. Reconocer todo lo vivido, observar ese camino y los obstáculos que se superaron, nos empodera. Nos permite , en el contexto adecuado, visibilizar las fortalezas habilitándolas nuevamente.

Al mismo tiempo, nos muestra aquello que fue difícil, los errores, las pérdidas, y los momentos en que nos sentimos derrotados. Si estamos dispuestos a observarlos, estos puntos de nuestra historia que a veces rechazamos, son los que más tienen para enseñarnos. Porque a partir de ellos es que se pueden generar cambios y mayor integración.

La autobiografía es un relato en primera persona que une los retazos de nuestras vivencias y nos permite, por un momento observar como una novela o una película gran parte de lo que transitamos. Dándonos la oportunidad de observarlo desde otra posición, habilitando nuevas integraciones y elecciones posibles.

 

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