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Los beneficios de la atención a lo sensorial.

Publicado por Lic. Maria V.

Inicialmente, el ser humano conoce el mundo por medio de la sensorialidad.
Lo sensorial implica lo que percibimos por medio de los sentidos: el gusto, el tacto, la vista, el oído y el olfato.
Los 5 sentidos nos comunican con el mundo exterior y nos proveen de información. Por eso, es tan importante para los bebés la mirada de la madre, las caricias, los aromas, y más tarde en los niños pequeños la necesidad de jugar, tocar, ensuciarse. Aprenden el mundo por este medio.

Luego de la adquisición del lenguaje y con el desarrollo cognitivo, gradualmente la sensorialidad suele ir perdiendo espacio. En el mundo adulto por lo general es la razón la que comanda las acciones. Y, por más que los sentidos están allí y los necesitamos para desarrollarnos, no solemos prestarles demasiada atención, perdiéndose en gran medida la capacidad de contemplación y asombro.

Volver a lo sensorial es una propuesta fuertemente sostenida desde las teorías de Mindfulness, meditación y filosofía oriental, entre otros. El anclaje en el aquí y ahora, que pretende hacerle frente a la ansiedad de nuestros tiempos, repara en gran medida en la capacidad para observar y contemplar, para atender a lo sensorial.

En el día a día podemos estar “en modo automático” constantemente. Comemos sin degustar la comida, tocamos objetos sin reparar en cómo se sienten, recorremos los caminos habituales sin mirar a nuestro alrededor, ignorado imágenes o señales de la naturaleza que se nos presentan alevosamente.

En el mundo actual es necesario darnos un tiempo de reconexión con los sentidos, tanto los 5 básicos como aquellos internos, que nos comunican cómo estamos, cómo nos sentimos.

La contemplación, que el escritor Henry David Thoreau celebraba e invitaba a desplegar, es la manera de conectar con la naturaleza y con el entorno que nos rodea. Volviendo a la simpleza de los modos tempranos de conocer, fortaleciendo la intuición, ayudando a disminuir la ansiedad.

La atención a lo sensorial nos ayuda a frenar los pensamientos acelerados, que no nos permiten relajarnos y decidir o actuar con tranquilidad. Y, si bien la ansiedad, como cualquier otro síntoma debe ser trabajado con un profesional, es interesante incorporar este hábito al estilo de vida, que aportará significativamente en el camino.

Pueden incorporarse ejercicios de percepción sensorial durante meditaciones breves, por ejemplo. Registrando el estado del cuerpo, la postura, dolores o tensiones, o enfocando la atención a los sonidos, la música, o lo que percibamos a nuestro alrededor. Incentivar la percepción táctil también es interesante, registrando las zonas de nuestro cuerpo que tocan el suelo, o cómo se siente la ropa sobre la piel.

Así como estos hay infinidad de acciones que conllevan atender a lo sensorial. Pintar con los dedos o amasar son actividades que lo fomentan. Observar a nuestro alrededor imágenes que siempre nos acompañan pero en las que muchas veces no reparamos, detenernos en los olores que nos rodean. Si hay niños en la familia, ellos nos ayudan en un terreno que les es propio.

Dedicar algún momento al día para recurrir a la percepción sensorial ayuda a disminuir la aceleración del pensamiento, la autoexigencia y la tensión tanto física como mental. No es un recurso mágico, sino que debe desarrollarse gradualmente, porque si no estamos acostumbrados a experimentarlo suele ser difícil al comienzo.

Pero, al igual que con la meditación, una vez que se inicia en la práctica cotidiana, cada vez se torna más sencillo y natural, extendiendo sus beneficios en distintas áreas de desempeño del sujeto.

 

 

 

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