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Madame Bovary: el inconformismo como bandera

Publicado por María Fay

Madame Bovary fue una novela escrita por Gustave  Flaubert y publicada por medio de entregas en una revista parisina desde Octubre hasta Diciembre de 1856.

El personaje principal: Emma, era una mujer que se mostraba disconforme con su realidad, fantaseando siempre con algo más. Leía constantemente novelas románticas y sostenía una visión idealizada del amor.

Esta novela es una crítica sin duda a la burguesía y a los valores maritales y sociales de la época, motivo que llevó a que su autor y editor fueran procesados por ultraje moral.

Mas allá de estos factores, el personaje de Madame Bovary sirvió como nombre para un síndrome denominado Bovarismo caracterizado por el inconformismo afectivo crónico, y el contraste constante entre fantasía y realidad.

Este fue descrito por primera vez por el filósofo Jules de Gaultier, en 1892, caracterizando a las conductas de quienes fantasean un “amor ideal”, frustrándose o decepcionándose frente a la realidad de una pareja afectiva.

En efecto Madame Bovary hacía gran uso de la fantasía. Y la fantasía es un gran recurso de la psiquis para sobrellevar la realidad.

El asunto sería determinar en este caso hasta qué punto el inconformismo y hasta donde la opresión de un sistema que no permite el despliegue auténtico y creativo, fundamentalmente en lo referente a la mujer.

Es por esto que esta obra inspiró tanto reflexiones desde el punto de vista psicológico, (respecto a la insatisfacción del personaje central), como también a la cuestión de género, ubicando a Madame Bovary como ícono del feminismo en tanto su personaje representa una protesta acerca de la posición de la mujer de la época.

 

El trágico final de esta historia muestra la crudeza de la realidad en contraposición con la ilusión y la fantasía.

Las deudas que Emma acumulaba, y sus historias de amor furtivas, así como sus ansias de lujos y enriquecimiento, la hacían pretender una vida idealizada que se hallaba alejada de sus reales posibilidades. Esto la lleva a la frustración extrema que desemboca en el acto suicida.

Por otro lado, Emma es la figura de protesta ante una sociedad patriarcal donde la mujer ocupa el lugar de trofeo. Y en donde se espera de ella ser buena esposa y madre, sin que haya espacio para las aspiraciones y desarrollo personales.

Como vemos desde el Psicoanálisis, el deseo necesita para su sostenimiento de cierta insatisfacción, si no hay lugar para el deseo, la vida se transforma en un continuo estereotipado y repetitivo, sin posibilidad de movimiento.

La insatisfacción crónica, sin embargo, implica dificultad para aceptar o reconocer las características presentes en la realidad, que impiden que pueda cumplirse con la fantasía de manera exacta. Siempre habrá una distancia entre la fantasía y la realidad.

Es como lo relata Freud respecto a la primera vivencia de satisfacción, lo fantaseado nunca coincide con lo que se encuentra en la realidad. Pero parte de ese lazo y de experiencias placenteras duraderas en el tiempo, permiten que la vivencia como tal se constituya.

Hay algo del Principio de realidad que debe intervenir para poder vivir y actuar en el mundo. El puro placer no es posible a lo largo del desarrollo.

Ahora, ¿qué ocurre cuando la realidad externa no permite el deseo, el despliegue creativo, el crecimiento y el desarrollo personal?

Aquí  es donde se plantea la pregunta de hasta qué punto el inconformismo de Madame Bovary es en realidad la protesta ante un sistema que no la incluye, no a ella subjetivamente, sino solo a los roles que puede o “debería” ocupar.

Ambas vertientes son interesantes de analizar y no necesariamente el abordaje de una anula o impide la otra.

Madame Bovary es una obra literaria que nos ayuda a entender el psiquismo humano, los conflictos, el deseo, la frustración y el vínculo con lo social.

 

 

 

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