Psicología

Inicio General, Psicoanálisis, Psicología Clínica ¿Por qué tenemos miedo?

¿Por qué tenemos miedo?

Publicado por María Fay

A pesar de su mala reputación, el miedo es un instinto indispensable en todos los seres vivos. Es una reacción generada ante el peligro con el fin de preservar la vida y protegernos.

El ser humano, cuyo nivel de evolución le permite separarse de las demás especies, y gracias al lenguaje y la capacidad de pensarse a sí mismo, ha sufrido una suerte de alteración de todas las facultades que en las otras especies consideramos naturales o instintivas.

De esta forma, el instinto como tal no existe en el ser humano como en los animales.

Desde el Psicoanálisis, se elaboró el concepto de Pulsión, como específico del ser humano. Aunque las características de esta última no son equivalentes al instinto animal, sino que están asociadas al Deseo inconsciente.

De esta manera, también el miedo como respuesta instintiva ha sufrido alteraciones, de modo que un sujeto puede considerar amenazantes estímulos que no lo son para otros, y viceversa.

El concepto de miedo, entonces, hace referencia a una respuesta automática y fisiológica que implica una preparación corporal ante la amenaza.

El miedo siempre tiene un objeto, por más que no lo veamos a simple vista. Ubicarlo y ponerle un nombre es fundamental, produce un efecto tranquilizador y forma parte del tratamiento psicológico en estos casos.

La respuesta automática muchas veces es exagerada respecto al objeto, y se dispara en situaciones que otros no comprenden o que no implican una amenaza real. Esto es así justamente porque en el ser humano todo es subjetivo y singular, incluso a qué le tememos.

Cuando no hay objeto y la situación es extremadamente traumática para el sujeto, (sin importar la realidad objetiva sino sólo la realidad psíquica de ese sujeto) le damos el nombre de Pánico o Terror.

En estos casos, la Psiquis sufre un exceso que supera la barrera de lo controlable para el Yo consciente. El psiquismo agota todas sus herramientas, viviendo un estado de extrema desolación y vulnerabilidad.

El miedo a la muerte o a lo desconocido es central en la humanidad. La conciencia de finitud del ser humano lo enfrenta constantemente con este desafío y la posibilidad de lidiar en mayor o menor medida con la incertidumbre.

En esto, cada individuo hace lo suyo. Algunos encuentran una satisfacción al desafiarse constantemente y buscar lo extremo: Aquellos que realizan deportes extremos, por ejemplo, o están buscando qué conducta de riesgo llevar a cabo, están de alguna forma poniendo a prueba esa finitud. Algunos pueden requerir de estas acciones para sentirse vivos y otros pueden usarlo como defensa ante ese miedo nodal. Intentando mediante esta actividad, salir de la posición pasiva del temor.

Otros, por el contrario, podrían intentar evitar la mayor cantidad de riesgos posibles. Conociendo todas las probabilidades de accidentes o potenciales situaciones de peligro y evitando gran número de situaciones.

Ambos son ejemplos de un extremo y otro respecto a esta cuestión. Lo esperable sería una posición intermedia, donde se pueda negociar con el miedo sin tener que evitar seguir adelante con nuestra vida, ni tampoco vernos en situaciones de riesgo constantemente.

Las películas de terror encarnan esos miedos y nos permiten visualizarlos, verlos proyectados en otros y experimentar el hecho de que los demás también temen como nosotros.

Esto explicaría el porqué muchas personas disfrutan de ver este tipo de películas y de sentir miedo con ellas de manera voluntaria. Es una forma, además, de elegir cuando tener miedo y de perder también esa posición pasiva en la que el miedo nos ubica .

Otra forma de verlo es considerar también la llamada desmezcla pulsional freudiana, que implica en algún punto un aumento de la pulsión de muerte que nos impulsa a buscar la muerte, observable en el ejemplo de los deportes extremos, y que se redirecciona hacia el sujeto mismo en forma de lo que Freud denominó Masoquismo, lo cual explicaría cierta tendencia inconsciente a provocarse a si mismo el sufrir o temer.

De una forma u otra, lo interesante de analizar respecto al miedo como emoción, es, en primer lugar, el proceso de aceptarlo como: intrínseco a la naturaleza humana; subjetivo, ya que el objeto varía  de una persona a otra; y en algún punto, ineludible.

El foco respecto a la patología del miedo radica simplemente en cuán coartado se halla el sujeto gracias al temor. ¿Hasta qué punto debe privarse de poner en acto su deseo? y ¿Qué es lo que resigna por el miedo?. Eso es lo que al fin de cuentas determina la gravedad del caso.

Pero el miedo como tal está en cada uno y aceptarlo es el mejor modo de poder lidiar con él. Y así, poder vivir una vida en donde a pesar de su existencia, de igual manera se puedan llevar adelante nuestros deseos y anhelos.

 

Categorías: General, Psicoanálisis, Psicología Clínica