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Reflexiones sobre la culpa.

Publicado por Lic. Maria V.

¿Qué pensamos sobre la culpa?

La culpa se asocia muchas veces con un circuito tortuoso del que no es fácil salir. No sentirse culpable es el modo defensivo de muchos para evitar conectarse con ella.

Muchos dogmas religiosos han hecho de la culpa verdaderamente un estandarte, enfatizando la culpabilidad y el pecado humanos, y la necesidad constante de perdón y sumisión. Esto no colabora con la imagen que nos formamos de la culpa.

Sentir culpa ante un acto que consideramos no fue correcto, no es el problema en sí mismo. El problema es el exceso de culpa, el círculo tortuoso de pensamiento característico de la neurosis, que no permite al sujeto salir de allí.

Se considera un problema, desde la Psicología, que un individuo no presente culpa o remordimiento alguno por efectuar actos que atenten contra otros, por ejemplo. La aparición de culpa es, entonces, en algún punto, esperable.

Desde el Psicoanálisis se entiende que el Sentimiento de culpa deriva de la acción del Superyó. Esta instancia psíquica, que es el heredero de las autoridades parentales dentro del psiquismo, es quien señala lo que es correcto y lo que no, y quien demanda al Yo el cumplimiento en función de mandatos y normas sociales.

El trabajo del Superyó es, en esencia, fundamental para poder estar insertos en una comunidad. Podemos pensarlo como un cierto tipo de brújula que nos indica cuando algo corresponde y cuando no, ayudándonos a entender los códigos del medio en el que vivimos.

El problema aparece cuando este Superyó tiene demasiado poder, demandando y exigiendo constantemente e impidiendo el desarrollo de los propios deseos y libertades.  En estos casos el desarrollo del sentimiento de culpa puede volverse excesivo.

Cuando la culpa cobra esta dimensión deja de funcionar como la señal de alarma y la brújula que en realidad puede ser, y pasa a constituir un modo de autocastigo y tortura par el sujeto.

Dicho esto, en primer lugar, y según cada caso en particular, habría que analizar ante qué adviene la culpa.

En muchos casos el desarrollo de culpa se genera entorno a hechos muy nimios, que no implican que el sujeto haya cometido un acto que justifique una reflexión.

En ciertos casos de Neurosis Obsesiva, por ejemplo, la culpa puede advenir ante no haber hecho alguna tarea cotidiana, como haberse olvidado de tender la cama o no haber hecho algún deber. En este caso, la culpa está en exceso y aparece desplazada, señalando acciones que de por sí no requieren de una revisión.

Ahora, si cometemos un acto que dañó o puso en peligro a otros o a nosotros mismos, por ejemplo, la culpa es una señal interesante a atender. Es la que nos permite reflexionar, y pensar en estrategias para que eso no vuelva a ocurrir. Si no hay ningún desarrollo de culpa, no hay cambio posible.

Es interesante pensar a la culpa como a una aliada de la responsabilidad. Y su emergencia tiene que ser aprovechada para la introspección y la búsqueda resolutiva de ese suceso. Si la culpa de transforma en un círculo atrapante, pierde su razón de ser, y se transforma en un problema.

 

 

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