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Sentimiento de inferioridad y Sobrecompensación.

Publicado por Lic. Maria V.

Alfred Adler (1870-1937), médico y psicoterapeuta austríaco, desarrolló los conceptos de Sentimiento de Inferioridad, Complejo de inferioridad y Sobrecompensación, al hacer referencia, con los dos primeros términos, a condiciones que se pueden desarrollar en la infancia, y el tercero a un mecanismo de defensa destinado a combatirlo.

Adler creía en una Psicología Holística, que tomaba al individuo como totalidad, y lo observaba siempre en relación con su entorno.

Según su postura, en la infancia puede desarrollarse un sentimiento de inferioridad, ya que el niño percibe que debe depender de los adultos para su supervivencia y desarrollo.

Si, contextualmente, se acentúa esta experiencia de vulnerabilidad y dependencia, debido a un excesivo autoritarismo, o a una gran sobreprotección, o escasa valoración por las ideas y logros infantiles, se constituye un sentimiento o incluso complejo de inferioridad.

A lo largo del desarrollo y al llegar a la vida adulta, el individuo va buscando defenderse de caer en ese lugar vulnerable. Para esto, puede utilizar el mecanismo de Sobrecompensación, que implica transformar esa percepción de debilidad, en su contrario. Así, el sujeto será visto externamente como soberbio o pedante y llevará a cabo gran cantidad de acciones y conductas con el fin de ser reconocido y lograr el éxito.

El contraste entre extremos es el que nos permite observar que hay algo defensivo en esta necesidad de éxito y de vanagloria.

La Sobrecompensación se detecta porque se observa una insistencia y una inflexibilidad en este tipo de conductas tendientes a resaltar, a buscar el reconocimiento, a creer que pueden hacerlo todo o a manifestar una idea exageradamente positiva acerca de sí mismos. Justamente, lo que hace que este mecanismo traiga consecuencias negativas, es su falta de flexibilidad.

Como herramienta adaptativa todos los mecanismos de defensa tienen una función importante, que es la de proteger al psiquismo. Y, en ese sentido, son necesarios. Pero cuando uno o varios mecanismos defensivos se ponen de manifiesto de modo inflexible y recurrente, terminan arrastrando al sujeto a través de un círculo interminable de respuestas automáticas, que lo hacen menos conciente y libre.

La Sobrecompensación muestra a una personalidad forzada por cubrir a su contrario. Una impostura, que deja en su trasfondo toda la inferioridad y vulnerabilidad vivida.

La forma en que suele manifestarse este tipo defensivo, es mediante una necesidad de poder. Dominar a otros se transforma en un medio para contrarrestar ese sentimiento de inferioridad. Los logros personales suelen ser la prioridad, dejando de lado la participación en una comunidad.

Las personalidades autoritarias e inflexibles, suelen estar sobrecompensando un complejo de profunda inferioridad y desvalimiento. Y el problema es que mediante estas acciones inconscientes se pueden llegar a conductas extremas y dañinas, fundamentalmente para otros, los que forman parte del entorno inmediato del sujeto.

Una de las cuestiones complejas de este tipo de casos es que, por sus mismas características, son individuos que necesitan una terapia, pero que difícilmente lo aceptarían.

Como hemos hablado a lo largo de este artículo, justamente el reconocimiento de un pedido de ayuda representa la posición vulnerable que tanto se pretende negar y ocultar. Por lo tanto, es difícil que se tome la decisión de iniciar un tratamiento.

Por lo general, si esto ocurre, es motivado inicialmente por la percepción de que algo en su conducta está entorpeciendo sus logros y deseos personales.

 

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