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Transitar la Pandemia lejos de casa.

Publicado por Lic. Maria V.

La Pandemia del Coronavirus nos atraviesa a todos. Estemos donde estemos, transitarla no ha sido ni es sencillo.

El encierro, las dificultades económicas, la distancia de los seres queridos, el aumento de la ansiedad y la emergencia de angustia, nos han confrontado con la crisis, tanto personal como colectiva.

Este panorama se complejiza aún más si este trayecto ha tenido o está desarrollándose lejos de casa. Esto es, habiendo emigrado a otro territorio; estando alejados de lo que consideramos nuestro hogar.

Aquellos que se encuentran lejos, sea por los motivos que sea, han quedado cumpliendo la cuarentena en un lugar que no les es propio. La sensación de desarraigo, se suma a la incertidumbre y el temor propios de la situación de la Pandemia.

Dentro de la población emigrante habrá quienes ya estaban instalados en otro país; otros que venían viajando por el mundo ya desde tiempo atrás, y aquellos que habían partido recientemente. Muchos quedaron varados sin poder regresar, sin dinero ni lugar donde quedarse. Otros, han visto sus planes truncos y han tenido que quedarse en lugares distintos y por más tiempo.

El desarraigo en cuarentena confronta a quienes lo han vivido  o lo estén viviendo, con la vulnerabilidad y el abandono. El estar lejos, cuando se transita por situaciones críticas como la que vivimos actualmente, fomenta que la lejanía se sienta con mayor profundidad. La nostalgia, el recuerdo y la angustia pueden incrementarse.

Las situaciones de crisis, nos hacen buscar refugio y protección. Solemos buscar el refugio en todo lo que nos resulta familiar y cercano. Las conductas regresivas aumentan en estos tiempos justamente por este motivo.

En tiempos de supervivencia física y psíquica, recurrimos a aquello que conocemos del pasado, aquello que nos ha proporcionado consuelo antes y lo volvemos a convocar para que nos transmita alivio y seguridad.

Si en condiciones como las descriptas nos encontramos lejos de todo aquello que nos resulta familiar y conocido, entendemos cómo esta circunstancia puede agravar aún más la sensación de vulnerabilidad.

Estar en un entorno ajeno, lejos de los vínculos, objetos y espacios que forman parte de nuestra cotidianeidad impide que podamos refugiarnos allí. En estas ocasiones debemos recurrir a herramientas psicológicas propias, y además a crear nuevas formas de autocuidado, nuevos modos de contención, teniendo para esto que desplegar la creatividad, es decir, la capacidad para enfrentarnos con lo nuevo, y transformarlo según nuestras necesidades.

Estar lejos, rodeados de idiomas extraños, hábitos, culturas, vínculos nuevos y desconocidos puede ser atemorizante, y puede generar angustia. Si se ha viajado solo, más aún. Sentir que el entorno está en «su lugar» y uno no, puede también fomentar esa sensación de lejanía y extrañeza.

Esta desazón de la distancia y lo ajeno, se corresponden a una sensación de pérdida de lazo, de separación, de corte, incluso de vacío.

Por eso, es muy importante en circunstancias de este tipo, si es posible, recurrir a una terapia y/o al recurso creativo, que permitan recrear ese lazo, integrar y construir con lo que tengamos una realidad que nos ayude a sobrellevar esa sensación de distancia y de pérdida.

El despliegue creativo y el trabajo terapéutico ayudan a transformar, a reconstruir allí donde hay ruptura y herida, posibilitan desarrollar herramientas psíquicas de autoprotección y de equilibrio, que nos proporcionen sostén en situaciones de crisis de esta índole.

 

 

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