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Vivir en un Mundo Pantalla.

Publicado por María Fay

Actualmente vivimos inmersos en un mundo cada vez mas dominado por pantallas. Si pensamos un momento y evaluamos nuestro día a día, veremos como la exposición a pantallas puede ser en muchos casos casi permanente.

El avance de los celulares hace de por sí que gran parte de nuestro tiempo lo pasemos frente a ellos. Sino es ahí, frente a la computadora, por trabajo o estudio,con el GPS en los autos; y sino, en momentos de dispersión, viendo series, alguna película o la TV.

Fácilmente podemos quedar atrapados en la cotidianidad de exposición total a pantallas de todo tipo. Dado que el avance es masivo y que muchas veces no podemos regular este uso de manera conciente, podemos preguntarnos que impacto tiene este hecho sobre el aspecto psicológico de las personas.

En principio, esta idea del Mundo Pantalla, recuerda un poco a la Alegoría de la caverna, de Platón. Hay algo de ese mirar y observar aquello que no esta realmente ahí, que nos lleva a pensar que muchas veces podemos llegar a estar esclavos de estas sombras, o imágenes que las pantallas nos muestran.

Platón hablaba de dos realidades transcurriendo. Una: la de las sombras, lo único que los esclavos podían ver; y la otra: a sus espaldas, la realidad que transcurría del otro lado de la hoguera.

De acuerdo con este concepto, el mundo de las pantallas nos aislaría de algún modo de la realidad que nos rodea. O, para decirlo de otro modo, el mundo virtual nos separaría un poco del mundo tangible, de los encuentros, las emociones y las vivencias en el tiempo y espacio presente.

Pero, si lo pensamos otra vez, no es extraño que esto ocurra. Las pantallas nos ofrecen acceso a otras realidades, otras historias y otros tiempos, donde podemos transportarnos y dejar de sentir u observar lo que nos pasa. Esto produce un efecto, de alguna manera, anestesiante, que se incentiva cada vez con mayor intensidad.

Por esto mismo es que las nuevas tecnologías pueden llevar a la adicción. Lo hacen al igual que cualquier droga, que produce el efecto de mitigar el sufrimiento, la duda, la angustia y la incertidumbre de la existencia.

De todas formas, renegar de manera absoluta de los avances tecnológicos no es la respuesta. Las tecnologías nos aportan mucho si son utilizadas con conciencia y reguladas por quien las utiliza. El esfuerzo tendrá que ser pensado y sostenido de manera constante, ya que la inercia lleva por lo general al consumo masivo. Están creados para eso, para ser usados «en todo momento», para ser «necesitados» constantemente.

Pero vale la pena regularlos, y priorizar otras formas de conexión. La observación de lo que nos rodea, el acercamiento a la naturaleza, el viajar y conectar con personas de otras culturas, la conversación y el debate con quienes tenemos cerca, el contar o que nos cuenten historias, chistes o anécdotas. Estas conexiones son las que nos enriquecen de una forma que no es comparable con nada que la tecnología pueda ofrecernos.

Tendrá que ser entonces un uso a conciencia, donde los dispositivos tecnológicos sean herramientas para ser usadas y comandadas por el ser humano, y no viceversa. 

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