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Ansiedad a raíz del uso de la tecnología.

Publicado por Lic. Maria V.

La asociación entre el uso excesivo de la tecnología y la ansiedad es ya por demás conocida. La velocidad y el paralelismo del mundo que nos presentan los artefactos tecnológicos, colaboran con el desarrollo ansiógeno. Esto puede manifestarse de muy diversas maneras; generalmente mediante síntomas físicos: palpitaciones, aceleración, dificultades para respirar, tensiones musculares.

Pero también la ansiedad suele expresarse por medio de conductas y sensaciones: la necesidad de no despegarse de los aparatos, la abstracción respecto del mundo circundante, la sensación de estar perdiéndose información constantemente, la competencia y comparación con los modelos que se muestran en las redes, la sensación de que estar en las redes es indispensable, las búsquedas encadenadas e interminables, entre muchos otros.

Este «no poder parar» que la tecnología genera, una suerte, sin duda, de compulsión, de adicción, es complejo. Sobre todo en la circunstancia actual donde la tecnología se ha transformado en el medio para vincularnos socialmente de manera exclusiva. 

La tecnología nos permite acceder prácticamente a toda la información existente, y esto a un solo click de distancia. Entonces, simboliza la velocidad y la infinitud o la totalidad.

Estos conceptos son terriblemente temibles para el ser humano. Es «todo» y «ya». No hay nada más abrumador que la posibilidad de acceder a todo y de manera instantánea. Psicológicamente sentimos que no podemos seguirle el ritmo a esto, lo cual es verdad y, en consecuencia, nos provoca un estado de profunda ansiedad y tensión.

Regular el acceso y el uso de la tecnología en el día a día es central para evitar entrar en círculos viciosos de ansiedad y en conductas excesivas o compulsivas. Esto, tanto en el caso de adultos como de niños o adolescentes, donde la problemática en el último tiempo se ha agravado notablemente.

Como hemos mencionado en artículos anteriores es esencial alternar el uso de aparatos tecnológicos con actividades de ocio y dispersión que no contengan ningún dispositivo o pantalla. Para esto, hay que fomentar juegos, actividades creativas (escritura, pintura, baile, música), actividades al aire libre (para quien tenga acceso actualmente), lecturas, charlas en familia, cocina, plantas y huerta, entre otros.

Es necesario conectarnos con las sensaciones, volver a actividades sencillas que nos devuelvan a un ritmo más propio, que nos permitan sostener procesos y alejarnos por un momento del «todo ya», porque este imperativo trae consecuencias complejas desde el punto de vista psicológico.

La tecnología nos brinda herramientas sumamente valiosas si las sabemos regular correctamente. Podemos conectarnos con otros a distancia, encontrar fácilmente la información que necesitamos y dar a conocer nuestro trabajo al mundo. Si este uso se vuelve excesivo, todo aquello que se podría lograr se estropea. El resultado es absolutamente contrario: el aislamiento, la esclavitud, el vacío. Nada de lo que se intenta lograr inicialmente llega a buen puerto si quedamos atados a las leyes tecnológicas.

Por eso, es fundamental estar atentos a los tiempos que invertimos en el uso de la tecnología y saber registrar si hay sensaciones de ansiedad incipientes o cierta compulsividad que nos den la pauta de que necesitamos un descanso.

Las herramientas que tengamos para regular este tipo de cuestiones cotidianas, más si lo hacemos en un contexto terapéutico que nos permita indagar en el trasfondo de esa ansiedad, nos permitirá tener mayor libertad y mayor grado de salud mental.

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