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Necesidad y Amor

Publicado por Betina Ganim

Hasta el momento, en esta inagotable y difícil tarea que se propone abordar Freud en este ensayo sobre «El malestar en la cultura», de 1930, y el cual les he estado comentando este último tiempo, podemos cincunscribir ya algunos avances.

En primer lugar tenemos que el hombre primitivo luego de haber descubierto que podía controlar la naturaleza mediante su trabajo , también empezó a darse cuenta de esto pero en relación a los vínculos sociales, con los otros seres humanos. Se dio cuenta que podía hacer que otros hombres trabajaran para él, pero así también no le fue para nada indiferente que también los hombres podían trabajar en contra de él.

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Aún antes de esto, el hombre ya tenía el hábito de formar familias, fundamentalmente basadas en los servicios que ésta podía darle -a modo de colaboradores, si se quiere.

Y podemos suponer que el origen de la formación de las familias tenía que ver con una necesidad relacionada estrechamente con la satisfacción genital.

Freud lo dice muy bonito: la satisfacción genital, lejos de ser un «huésped ocasional», se transformó en un «inquilino permanente» del ser humano. De este modo, el macho mantenía junto así a su hembra (a sus objetos sexuales) y las hembra, al no querer dejar a su familia indefensa, se vieron de alguna manera forzadas a quedarse junto al macho más fuerte.

Ahora bien, en esta «familia primitiva» falta un elemento que Freud aborda en su texto «Tótem y Tabú», de 1913. Un elemento fundamental en la cultura, ya que el poder y al voluntad que tenía el padre de familia eran ilimitados. Las alianzas fraternas. No me voy a detener en ese texto ahora, pero lo que introduce Freud aquí en referencia a aquel ensayo es que al triunfar sobre el padre, los hijos descubrieron que si se asociaban, podían tener aún más poder que el individuo aislado. Los hermanos tuvieron que imponerse algunas prohibiciones mutuamente para poder constituir este nuevo sistema. Entonces tenemos lo que conocemos como los preceptos del tabú: el primer derecho, la primera ley.

Es así que la vida de los seres humanos en común tenía entonces un fundamento doble: por un lado, el trabajo. Por otro, el amor. Necesidad y amor fueron así los padres de la cultura

El primer resultado de tal «matrimonio» fue justamente el de posibilitar los vínculos sociales.


Teniendo tales fundamentos, lo suyo sería que eso evolucione de tal manera que se vaya produciendo una total dominación de la naturaleza por el hombre, y que se vaya incrementando progresivamente la cantidad de hombres implicados en la comunidad. Siendo entonces así las cosas, dice Freud, no puede entenderse cómo es posible que esta cultura no logre hacer felices a los hombres que la habitan...

Bien, aquí Freud dejará un poco de lado la indagación sobre estacuestión , para dedicarse a uno de los elementos fundantes y fundamentales de la cultura: el amor. Parce que Freud tiene algo más para decirnos, que articula esta vez con la cultura, para añadir a las consideraciones que sobre el amor había hecho a lo largo de su obra.

Aquí volverá a algunas referencias del mismo texto para poder ir rellenando algunas «lagunas» al respecto. Esto es lo que abordaré en el siguiente post.

FUENTE: FREUD, S. «El malestar en la cultura»

Categorías: Psicoanálisis