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Cadena simbólica y alucinación

Publicado por Betina Ganim

En el post anterior vimos esta concepción que el «primer Lacan» trabaja: que los hechos o acontecimientos no son accidentales, en el sentido del existencialismo; que los hechos no son reducidos al valor de trauma, sino que todo se reduce a la historia, que es primera respecto de lo traumático.

Lacan mismo nos dice que un trauma es en sí mismo un «estigma histórico», lo que le servirá para hablar, unos pocos años después, y dentro de lo considerado su primera enseñanza, de cadena simbólica. Este concepto de cadena simbólica está estructurado partiendo de tres aspectos:

cadena simb

1)La historia: se trata de la vida de cada uno vivida como historia.
2)El lenguaje: se trata de que estamos sujetos a las leyes del lenguaje, sobredeterminados por las leyes de metáfora y metonimia que rigen la estructura del lenguaje.
3)El otro sujeto: es ese juego de intersubjetividad entre el tú y yo, por medio del cual se da la entrada de la verdad en lo real, y cuyo horizonte es la totalidad.

Bien, podemos decir entonces que no es fácil desprenderse de toda esta teoría alrededor del inconsciente como historia. Tampoco se trata de que el último Lacan, su última enseñanza supera a la primera. Sino que el esfuerzo del que se trata es aquel que nos permite, evocando a Freud, retomar la acumulación de teorías diferentes y presentes en el mismo momento. Cuando contamos un caso es inevitable remitirnos a la historia que relata el paciente.

El inconsciente de la primera enseñanza de Lacan es intersubjetivo en este sentido, estructuralmente intersubjetivo, por lo que la operación del psicoanálisis es la de poner en escena esa artificial intersubjetividad que repite las condiciones en las que esa historia se construyó, para «perfeccionarla».

Allí, la interpretación es significante, en tanto se rige por las leyes del lenguaje, lo que permite orientarnos en las conexiones y condensaciones del lenguaje (metáfora y metonimia)

Pero también el psicoanálisis opera por las leyes de la palabra: al reconocimiento del otro de lo que digo: la introducción de lo real en la verdad, decíamos.

Y también tenemos en esta primera enseñanza, la intersubjetividad, lo que da cuenta de que el inconsciente en este primera enseñanza, en tanto historia, es un inconsciente transferencial.

Esto cambia radicalmente en el último Lacan. El inconsciente no es aquel referido a la historia. Más bien en el último Lacan ya no se parte dela histeria (hystoria) sino de la psicosis. Con la tesis que hizo Lacan sobre Aimée, antes de su entrada en el psicoanálisis, nos da una puta de que antes de pensar el inconsciente como historia, ya había entrado en la teoría freudiana con la psicosis.

En un par de posts anteriores a este les hablaba de la alucinación, de cómo Lacan aborda la alucinación: opuesta a la historia, a la interpretación. En este sentido, la alucinación es lo que nos permite pensar esa falla primaria, que escapa a la historización de la verdad.

Como decía Lacan en su Discurso inaugural de su enseñanza, para que algo pueda ser historizado, necesita ser simbolizado, y la alucinación justamente verifica eso que queda por fuera de lo simbolizado, lo que retorna de lo forcluído en lo simbólico.

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