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Construcción y reducción en psicoanálisis

Publicado por Betina Ganim


Podemos decir que tanto el diván como la presencia real del analista es fundamental. Si partimos de esta base, cabe entonces preguntarse: ¿se puede hacer un tratamiento psicoanalítico vía internet o por teléfono? ¿Eso es un análisis? Bueno, más bien puede ser una terapia, pero no un tratamiento analítico. Se puede circunstancialmente y en el caso por caso, mantener un análisis por un tiempo a la distancia. Por ejemplo un paciente que se fue 3 meses a otro país y me pide continuar vía internet.

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Su trabajo, lo que le había hecho trasladarse a otro país, había intensificado sus síntomas, y tenía episodios de angustia que lo llevaron a pedirme continuar vía internet. Claro que desde un primer momento no estuvo en juego la cámara; es decir, nos saludábamos y apagábamos las cámaras. De esa manera, era casi como un llamado telefónico, pero sabiendo que del otro lado iba a haber alguien, con su cuerpo, escuchándolo. Eso lo aliviaba.

Otra cosa es ya directamente ofertar un tratamiento psicoanalítico por internet. Si eso ocurre, no es psicoanálisis. Hechas las aclaraciones, pasemos a otro tema fundamental en la teoría y clínica psicoanalítica. Eso que Freud llamó la regla fundamental: «diga todo lo que se le ocurra, que todo será bienvenido». Y lo que esto dispara: strong>la asociación libre. De todas maneras, siempre está ese paciente que igual pregunta qué quiere que diga, o prefiere que el analista empiece a hablar primero (siempre es más fácil guiarse por el deseo del Otro, es algo que hacemos desde que nacemos…) Pero el analista no responderá a esa demanda, sino que convocará al sujeto a que diga «cualquier cosa» (que luego se verifica que se trata siempre de lo mismo, pero con diversos rodeos) aunque termine hablando siempre de «la misma cosa»…¡otra vez!

Ese «otra vez» da cuenta de que existe algo que no tiene una elaboración simbólica,que no hay nada de eso que se repite que inscriba un sentido, casi como una fijación a lo inasimilable.

Tenemos el fantasma, que está ahí a manera de libreto del sujeto, una especie de metabolismo de lo real, y está siempre presente en los síntomas del sujeto; pero es también lo que orienta el deseo del sujeto.

Un trabajo analítico implicará entonces primero construir ese fantasma para después atravesarlo. Es decir, atravesar esa fórmula axiomática (el fantasma). Este sería un final de análisis posible, pensado en estos términos.

Es decir que un tratamiento analítico comienza con un despliegue de significantes que implican cuestiones simbólicas e imaginarias, y que el analista deberá intervenir efectuando una operación de reducción, convirtiendo las escenas y las palabras de Otro, en significantes Amo: significantes que aunque aislados, se van tejiendo entre sí para producir la ficción con la que el analizante goza en su cuerpo.

Cuando hablamos de «acto del analista» no hablamos de nada en particular: digamos que es un acto; no se trata de dirigir la vida del paciente; se trata más bien de la «reconducción de su deseo». Un acto puede ser el silencio mismo, ese silencio «activo» que invita a las asociaciones del paciente.

FUENTE: REVISTA FREUDIANA, NUM. 63. ELP, BARCELONA.

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