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El «ser» en psicoanálisis

Publicado por Betina Ganim


La problemática filosófica en relación al «ser» ha tenido un desarrollo particular en la enseñanza de Jacques Lacan. Tal como ha hecho con otros conceptos que extrajo de disciplinas diversas para subvertirlos, lo mismo ha hecho con la noción de «ser».

Tempranamente sostenía Lacan que la experiencia analítica apuntaba al «corazón del ser». Luego ha enmarcado como «pasión del ser» a la experiencia analítica en su aspecto transferencial; es decir, a lo que apunta tanto al analizante como al analista.

El acting out en la cura

Siguiendo este último aspecto, no podemos dejar de mencionar ese Escrito del que tanto les he hablado en este blog -«La dirección de la cura y los principios de su poder»- donde Lacan pone al analista en el banquillo, para decir que toda praxis que no tenga una orientación por el deseo, termina siendo el ejercicio de un poder. Allí, la contratransferencia es su punto de mira: analizar con el «ser del analista»… Lo que dice Lacan allí es que el analista tendrá que actuar más bien con su «falta en ser».

Extraña un poco entonces que Lacan hable en estos términos, de «ser», cuando ya nos tenía habituados a su concepto de sujeto. Y si digo que extraña es porque tenemos una expresión de Lacan: «la pasión de ser» que le atribuye al neurótico… Y el sujeto neurótico lo entendemos más bien por su falta, por su falla, castración, división…

A ver si nos aclaramos un poco. ¿Y qué entiende Lacan por pasión? Bueno, tomando la «pasión de Cristo» podemos referirnos antes que a la acción, a la pasividad. La pasión implica sufrimiento del que se padece…pasivamente. El ser, entonces ni innato, ni inmediato, ni dado, implica una mediatización de la palabra y con las leyes del lenguaje, operando un vaciamiento del inconsciente. La falla esencial en el campo de lo humano, en tanto atravesado por el significante.

A partir de esa falta, de esa falla, esa «falta en ser», es que nos encontramos con un «ser». Un ser que no es primero, sino efecto de la carencia producida por lo simbólico.

No olvidemos que en este primer momento de la enseñanza de Lacan, hay casi una «devoción» por el significante en sus conceptualizaciones.

Desde esta perspectiva, podemos decir que el que habla, entonces carece de ser. Que tal vaciamiento que opera la introducción del significante en el ser, provoca como efecto una pregunta, justamente sobre eso, ¿Quién soy?¿Para qué existo? Podemos decir que son preguntas que todo neurótico se hace en algún momento, más allá de las versiones particulares de cada uno. Pregunta que apunta a algo, un significante que justifique de algún modo su existencia (porque carece de ser…)

Es ahí donde podemos encontrar un punto de la crítica que le hace a los postfreudiandos. Está bien que hace una suerte de excepción con Ella Sharpe, pero esta termina poniendo un significante ahí donde el paciente se lo pide. Termina completando la falta, dando palabras a esos puntos suspensivos…Esto es una falsa solución, ya que en todo caso no es la del sujeto, es la del analista…

FUENTE. Extensión 5. Cátedra de Psicopatología I. UNLP

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