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¿»Encuadre»?

Publicado por Betina Ganim

El título hace referencia a una palabra y cuestión técnica muy usada en terapias del «yo»; y lo pongo entre signos de interrogación ya que he dicho, repetido y vuelto a decir que si bien el psicoanálisis tiene efectos terapéuticos por añadidura, no se reduce a una «psicoterapia».

La vez anterior me detuve a decirles que para hablar de un análisis tienen que estar presentes algunas cuestiones, y que justamente en la clínica, en la práctica del psicoanálisis lacaniano, tenemos como «herramienta técnica» -si se quiere- las entrevistas preliminares, haciendo la salvedad de que si hablamos de técnica hay que hablar de ética, que no es otra que la ética del deseo.

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Entonces, un paciente nos consulta, nos trae su demanda, original, genuina, pero el analista con esa demanda, lejos de satisfacerla, lejos de llenar de sentido y prometer el sol y la luna, el analista debe operar sobre esa demanda, formalizarla en una pregunta singular del sujeto, que no es más que una pregunta por su deseo.

Es por la transferencia que esta operación podrá realizarse; se tratará de ubicar eso tan enigmático que Lacan llama el «significante de la transferencia»: ese significante con el cual el sujeto se hace representar ante el analista, en el que reside toda su particularidad, ya sea que se represente como hijo, como madre, como amante, como víctima, como pobre, como analizado, como «sabelotodo», etc, etc…

El analista debe saber ubicar ese significante de la transferencia, ese que representa a ese sujeto particular ante el analista. Como así también, deberá ubicar ese significante que llama al analista: como médico, como consejero, como «coach», como prescriptor de «fast solutions», o con cuestiones previas como desconfianza, o rivalidad, etc., etc….

Lo cierto es que como verán, no se puede genearalizar…

De las entrevistas preliminares que hablé en el post anterior (los remito a él) podemos resumir que tienen la función de hacer diagnóstico de estructura, ubicar el significante de la transferencia que llama al analista, como así también ese primer desplazamiento de la demanda de tratamiento al deseo y por ende, a la división subjetiva. A la pregunta.

Claro que el analista, lejos de ubicarse como un simple «oyente», deberá ser bastante «activo» en el sentido de tener la libertad de preguntar,de hablar un poco más si es necesario, con el objetivo de obtener más información sobre la persona que nos viene a consultar… Porque cuando ya se ha entrado en análisis, una pregunta del analista es una interpretación.

Es que se trata casi de una frontera, un límite, porque allí, en las entrevistas preliminares se trata de verificar si se podrá soportar un análisis…

Obviamente que en las psicoterapias las entrevistas preliminares entonces no tienen importancia; pero en psicoanálisis, si se quiere practicar el psicoanálisis como toca, las entrevistas preliminares son fundamentales.

Estas entrevistas nada tiene que ver con un «encuadre» más o menos bueno, no tiene que ver con una cuestión de estandarización; al contrario, se trata de una práctica no estandarizada que lo que implica es un compromiso del sujeto, que conlleva a la vez un compromiso de parte del analista.

El psicoanálisis en sí nada tiene de estandarizado, el caso por caso es su única brújula, no hay honorarios pre-estipulados ni tiempos de reloj; no hay frecuencias pautadas de antemano. Todo esto se aborda transferencialmente. No es algo que eso pueda responderse antes de escuchar al sujeto en cuestión.

Son cuestiones que hay que pensarlas caso por caso, más allá de cualquier «encuadre»…

FUENTE: MILLER,J-A. «Conferencias Porteñas» Tomo I

Categorías: Psicoanálisis