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La implicación

Publicado por Betina Ganim

El post pasado les hablé de esa lógica de la cura que permite orientarnos en el tratamiento con un paciente; que los psicoanlistas de orientación lacaniana si bien no operamos con reglas preestablecidas, determinadas de antemano para todos igual, tenemos principios, fundamentos éticos que nos orientan.

En un primer paso lógico hablamos del analista como garante de la verdad de quien viene a decirla. De alguna manera tiene que aparecer la dimensión de sentirse escuchado por el analista; no se trata de «darle la razón» a nivel de los enunciados, de los dichos. Ni quedarse callado y eso indicar que se está atento a lo que el paciente dice.

«Escuchar de otro modo» coloca ala analista en ese lugar de garante que les hablé la vez pasada. Se trata de la «afirmación de la verdad» de ese sujeto. Afirmar al verdad implica afirmarla en relación al sujeto de la enunciación, la verdad del decir.

En este punto, al analista «aloja» ese decir, desde el lugar del Otro. Es decir, en este primer paso lógico de la cura, el Otro funciona como garante de la verdad para ese sujeto, en el plano de la palabra.

Como resultado de tal operación, el efecto es que el analizante considera que puede encontrar la verdad en su propio decir, no en el del analista. No se trata de lo que diga el analista en donde encontrará su verdad, sino en sus propias palabras.

Tenemos ese caso paradigmático en la obra freudiana que es el caso Dora, que luego Lacan retomará en «Intervención sobre la transferencia» ya que arroja una enseñanza en relación a esta lógica de la cura.

Dora cuando va a ver a Freud le cuenta su verdad, «abre el expediente» de recuerdos (nadie la dejaba hablar de eso), se queja del «lío» en que «la han metido» su padre, el Sr K y la Sra K…

Dora permanece en esa posición de afirmar y reafirmar su verdad, y Freud en la de ser el garante de la verdad de Dora. Pero esto es solo un tiempo lógico, dijimos, necesario para que se abra otra dimensión.

Luego, Dora dirá, después de exponer todo su «expediente», que «bueno, así son las cosas…» Freud tiene que hacer algo con eso, momento que Lacan sitúa como un impasse. Una especie de apertura, de intervención del «alma bella», que se trata de implicarla. ¿Qué se implica? ¿A quién? ¿En qué implicarla? Porque de esto también se hacen clichés: «hay que implicarlo, hay que implicarlo»…

La implicación va en la dirección de ubicar al sujeto,de hacerlo responsable de sus dichos, puntuando ahí un decir que es del paciente. Apostar así a la dimensión del inconsciente, dirigiéndonos con esta intervención del «alma bella» nada más y nada menos que al sujeto del inconsciente.

Esta es una intervención fundante, que es de la que Laurent se sirve para hablar de esa «interpretación preliminar» de la que les he hablado en algún post anterior.

La implicación significa que el analizante se implique en algo que desconoce. Esto está totalmente relacionado con el enigma: sujeto barrado.

FUENTE: Seminario de Cita, «La dirección de la cura y los principios de su poder». Año 2003.

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