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Revelación, repetición y desenvestimiento

Publicado por Betina Ganim


Siguiendo con esta clase del Curso de jacques Alain Miller «Sutilezas analíticas», en relación a las tres modalidades del análisis, pasaremos a hablar del análisis propiamente dicho. Dijimos que un primer tipo de análisis es el de los comienzos, y lo que debe operar ahí para que se produzca una transmutación de lo mental amorfo.

ser y mundo

Pues bien, un análisis que empieza podemos decir que se da en un clima de «revelación». No empieza por la frecuencia semanal de las entrevistas, es decir, va más allá del encuadre; sino que empieza cuando el sujeto se esfuerza en trasladar el pensamiento a la palabra, que no es poco ni fácil…

Así, dice Miller, el análisis en sus comienzos se desarrolla como un «fuego artificial de revelaciones». Eso amorfo, eso «mental amorfo» que trae el paciente da sitio a elementos articulados en un discurso.

Si vamos al análisis que dura, al segundo de los modos de análisis que desarrolla Miller en este texto, se hace menos frecuente esa revelación, más escasa, hasta puede parar o incluso desaparecer. Esto porque no se trata del mismo régimen que el del psicoanálisis que comienza.

En este caso, podemos decir que la revelación se reemplaza por la repetición. Y lo que produce la revelación no se da por la repetición de elementos tratables, sino que la repetición desemboca en el estancamiento.

Es claro que un análisis que dura pide un atravesamiento de tal estancamiento, poder soportarlo, explorar cuáles son sus límites: es eso lo que esperamos que ceda, la experiencia de lo real según la modalidad de la inercia.

Por supuesto también que en el análisis que dura se producen revelaciones, pero es esperable que se de, tanto del lado del analizante como del lado del analista, cierta cesión de libido, retirar la libido de ciertos elementos tratables que decantaron del momento de revelación que caracteriza la primera modalidad del análisis.

No se trata de un tiempo de comprender, sostiene Miller, sino que se trata más bien de un tiempo de desenvestimiento, de retirada de libido, con el objetivo de que el interés libidinal se condense en el llamado «objeto a». Sabemos que el modelo del objeto a que presenta, que inventa Lacan, tiene su modelo en el objeto pregentital de Winnicott, pero de lo que se trata aquí, lo que invita a pensar Lacan con esta novedad conceptual que es el objeto pequeño a, es la hipótesis de que el goce se retira para condensar en un punto. Para que tal punto pueda absorber ese goce, debe ser un punto condensador.

Es así que en el análisis que dura, apuntamos a ese retiro de libido; y desde allí se «juzga», o más bien, se opera. El efecto esperado tiene que ver con aquellas revelaciones que conducen a ese lugar de condensación.

En ese sentido Miller considera que también cambia la vida del analista, porque un analista que empieza tiene solo la experiencia del análisis que comienza, que es como la mejor parte, el momento de las revelaciones…podemos decir con Miller que es un placer tanto para el analizante como para el analista. Esto sería sensacional, 12 o 16 sesiones y ¡hala!…pero no nos quedamos en ello. Ahí reside la diferencia con otras prácticas.

FUENTE: MILLER, JACQUES ALAIN. CURSO «SUTILEZAS ANALÍTICAS» ED. PAIDÓS.

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