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¿Solo palabras?

Publicado por Betina Ganim

Siguiendo con la cuestión del goce y el significante, tengo que decir que cuando aseveramos que el goce está por fuera de lo simbólico, se me podría preguntar ¿cómo se articula entonces esto con el fenómeno elemental presente en la psicosis? En tanto, sabemos que Lacan plantea que aquello que es forcluído de lo simbólico retorna en lo real…

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Bien, es que la cuestión de lo real del goce también tiene todo un recorrido en la enseñanza lacaniana.

El Gran Fi, el Fi mayúscula que escribe Lacan se trata de cuando el goce tiene un significante. En tanto el falo modera el goce, le da cierta medida -ya que sabemos que el goce puro es sin medida.

Y también tenemos que tener en cuenta que respecto del goce, Lacan asevera que es el único real que atraviesa nuestra práctica. Esto es lo que lo llevó a revisar eso que falta en «la instancia de la letra», esa relación que existe entre el goce y el síntoma.

Es que es el síntoma lo que hace que sea necesario en psicoanálisis platear el tema del goce. Es el goce el que de alguna manera demuestra, verifica, la existencia del síntoma.

Sabemos ya con Freud que existe una satisfacción en los síntomas, algo que él había plantado en términos de un masoquismo originario.

Lacan da cuenta -a partir de lo que allí expone y en relación al síntoma como significante- que la función del analista sería la de interpretar el síntoma de tal modo que vía la palabra y el lenguaje, ese síntoma desaparezca, se «levante».

En ese escrito lacaniano «La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud» (1957) es donde claramente se ubica al síntoma en su estructura significante; por lo que la interpretación sería la herramienta privilegiada para la articulación del síntoma al inconsciente, y así deshacerlo.

Y el goce, en toda esta maquinaria, si bien está evacuado orginariamente de lo simbólico, es también de una omnipresencia innegable.

Así,el superyó (del que me he ocupado en posts anteriores, los reenvío a ellos) se encuentra justamente allí donde lo simbólico y lo real se conjugan.

Esto, porque según plantea la teoría psicoanalítica, el superyó es una ley articulada a un goce, al punto de hacer de éste, un imperativo que ordena «Goza!»

Es por todo esto, que la práctica analítica como plantée en el post anterior, no queda reducida para nada al «juego de palabras» con el que (no sin razón) se ha caracterizado al analista lacanianao durante mucho tiempo.

El análisis va más allá de este juego significante, si su objetivo apunta a lo real.

El estatuto real del goce tiene que ver con que es eso que vuelve siempre al mismo lugar, no va deslizándose como el deseo en la cadena significante.

Hay que tener en cuenta, como siempre digo, que la enseñanza de Lacan en este punto ha avanzado, y es respecto del goce que podemos ordenar muchas teorizaciones lacanianas anteriores.

Hasta aquí llegaré hoy.

FUENTE: MILLER, J-A. «Recorrido de Lacan. Ocho Conferencias»

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