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Cómo sobrellevar una ruptura sentimental.

Publicado por María Fay

Carl Jung dijo una vez “Si retienes a quien se aleja, podrías obstaculizarle el camino a quien viene”.

Sólo haremos el lugar para quien verdaderamente sea para nosotros, si nos arriesgamos a dejar ir a quien no, y si transitamos ese proceso de ruptura correctamente.

La ruptura sentimental, ya sea amorosa o de amistad, implica un doloroso proceso equivalente al del duelo.

Comúnmente se asocia al duelo con el proceso producto del fallecimiento de un ser querido. Pero desde el punto de vista psicológico, cualquier tipo de pérdida implica en mayor o menor medida un proceso semejante.

Las pérdidas y cambios implican cierta dosis de sufrimiento. Nos enfrentan ante el proceso psíquico que requiere retirar la energía libidinal que estaba invistiendo a un objeto presente en nuestra vida y que, de un momento a otro, ya no lo está más.

Esta acción de desinvestir al objeto implica que esa energía vuelva al Yo, y permanecer  allí hasta que se halle disponible para investir nuevos objetos.

Durante esta etapa, sería adecuado suponer que la persona que está transitando por este proceso no pueda pensar en cuestiones ajenas a su sufrimiento, porque, como se explicó anteriormente, hay gran cantidad de energía depositada en el Yo. Este es un estado de mayor narcisismo, pero si se lleva a cabo adecuadamente, será transitorio.

Por más difícil que sea este proceso, es necesario atravesarlo con todo lo que eso implica para poder seguir adelante.

Terminar con alguien o aceptar que el otro quiera terminar un vínculo que es importante para nosotros, siempre va a implicar un período posterior que es necesario respetar para poder superarlo correctamente.

Frecuentemente, circulan mensajes que nos asegurar que este proceso es sencillo, o que puede llevarse a cabo sin sufrir. La realidad es que si se trata de una pérdida significativa, no se podrá sobrellevar sin una cuota de dolor.

En la actualidad, todo lo que implique dolor y sufrimiento es visto negativamente.

La gente, en su gran mayoría, intenta evitarlo y los consejos que rodean a quien está pasando un momento difícil en general tienden a negar el dolor y a motivar a la persona para que se olvide, busque a alguien nuevo, se mantenga alegre, enérgico y siga adelante instantáneamente.

Este tipo de ayuda, por más que abunda y no sea conscientemente malintencionada, dificulta el proceso real.

Uno de los mayores valores de transitar las problemáticas de la vida implica no intentar esquivar el dolor.

Esta tarea de evitar sufrir, además, es frustrante e imposible. Por más que nuestra conciencia quiera asegurarnos que todo está bien rápidamente, el inconsciente siempre sabe la verdad, y seguirá insistiendo con aquello a lo que no se le ha dado lugar, extendiendo el proceso y prolongándolo, hasta hacerse oír.

Por esto, es sumamente importante permitir que existan estos sentimientos displacenteros, escucharlos y darles su espacio.

Tomarse el tiempo necesario de frenar actividades, llorar, estar de malhumor, pasar tiempo en soledad y retraído si es necesario. Hablar con alguien de lo que uno siente siempre ayuda, y si se considera necesario iniciar una terapia, se acompañará el proceso de mejor modo.

No hay un tiempo determinado que implique la realización correcta de este duelo. Este varía según la persona y el tipo de pérdida que se enfrenta. Pero es importante el recurso de la terapia para controlar que este duelo no se extienda por demás o se transforme en el llamado duelo patológico o en una depresión.

Jung sostiene que los procesos psicológicos profundos no se logran “fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”. Esto implica enfrentarnos con lo doloroso, lo profundo y lo verdaderamente difícil de lo que nos pasa. Solo así, el proceso será transformador y nos permitirá un crecimiento.

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