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Niños: tablets y celulares

Publicado por María Fay

Con el boom tecnológico de estos últimos años, no es extraño que los niños estén tanto o más atados a estos aparatos que los adultos.

Tablets y celulares se observan manipulados ágilmente por niños de todas las edades, incluso desde muy temprana edad.

¿Cómo se debe tratar este tema? ¿Les produce algún daño?

En principio, hay que tener en cuenta que los niños incorporan de manera muy rápida las conductas que observan en su entorno más cercano. Y, a diferencia de lo que muchos padres creen, aprenden mucho más en base a lo que el adulto hace que en base a lo que dice.

De esto se desprende que más allá de que los padres repitan una y otra vez lo que quieren que el niño haga o no, éste muy probablemente incorpore aquellas conductas que observa en sus padres antes que normas y reglas que les intenten inducir por medio de estas indicaciones.

De esta manera, pretender que un niño no acceda a los dispositivos digitales, cuando los padres están ligados a estos aparatos constantemente, es, hoy por hoy, francamente muy difícil, y sin duda tampoco sería el objetivo correcto.

El acceso de los niños a las nuevas tecnologías es ineludible. Porque han nacido y están insertos en la era digital. Pero esto no implica que este acceso deba ser ilimitado. La responsabilidad es, sin duda, de los padres o cuidadores, que deben controlar y parcializar ese uso.

Es frecuente ver niños que utilizan celulares y tablets cuando y como quieren, de manera intensa a lo largo del día, y luego se vuelve un problema que dejen el aparato para hacer cualquier otra actividad, cómo jugar, comer, bañarse o ir a dormir. Esto, sin duda, muestra que hay un exceso en el uso y una dificultad en la regulación por parte del adulto.

El foco no está en el acceso, sino en cuál es el contenido y cuál es el tiempo de uso. Y también en quien tiene la decisión de inicio y término de dicha actividad.  Cuando todos estos puntos están siendo pautados por el niño en lugar del adulto es cuando existe un problema.

El acceso al celular o la tablet debe ser decisión del adulto y también tener éste el control de aquello que el niño ve. De la misma manera, la actividad debe tener una duración determinada, y ser finalizada por el adulto volviendo a tener él el control sobre el dispositivo. Esto es importante por muchas razones:

En primer lugar, porque la actividad asociada al uso de un dispositivo digital es en realidad muy poca, más bien es un momento de gran pasividad y ubica al niño en un lugar perceptivo, de receptor de contenidos, donde no puede poner en juego su creatividad y su capacidad activa y exploratoria, que son vitales a lo largo de toda la infancia.

Esta pasividad, sin duda es funcional para el rol del cuidador,  porque deja al niño tranquilo o quieto y “facilita” su cuidado. Sirve para calmar berrinches, evitar que llore y le permite al adulto seguir con sus actividades de manera más sencilla. Sin embargo, esto dista mucho de ser ideal en términos de salud mental. Los niños bajo estos ritmos pierden capacidad de desarrollo exploratorio, que es básicamente lo que les permite crecer y aprender. Además, aumenta la ansiedad, ya que la inmediatez planteada por los dispositivos determina en los niños cada vez menos capacidad de espera, y cada vez menos tolerancia a la frustración.

De esta manera, es fundamental que los espacios de juego creativo del niño se respeten ante todo. Aunque grite, se ensucie y haya que estar más presente es vital para su desarrollo y para prevenir futuros conflictos. Que el adulto juegue con el niño es también esencial, acompañarlo en alguna medida en esa exploración y descubrimiento, promoviendo los juegos al aire libre, y el contacto con la naturaleza, donde despliegue su destreza física y se vincule con otros.

Si estos espacios están salvaguardados, por supuesto puede usar el celular y la tablet para ver sus dibujos preferidos, pero no en reemplazo de aquello.

Por más juegos al aire libre, pintar, cocinar y explorar.

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